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El plástico que no vemos

El plástico que contamina nuestros océanos ahoga a los animales que lo habitan. Y a nosotros.

Mire a su alrededor en este momento y busque algo hecho de plástico. Difícilmente tomará más que unos pocos segundos identificar que mucho de lo que le rodea, herramientas, juguetes y prendas de vestir, están hechos de plástico.

El plástico es barato, liviano, fuerte, resistente, versátil. Quienes lo descubrieron nos prometieron un mundo libre de polillas y herrumbre. Pero las mismas características que explican sus grandes beneficios lo convierten en una maldición. Por barato lo desechamos sin pensarlo. Por resistente, no se va nunca. Según la Agencia Ambiental de los Estados Unidos (EPA, por sus siglas en inglés), cada pedazo de plástico que alguna vez se ha fabricado en nuestro planeta aún existe. Excepto el plástico incinerado, que ha pasado a contaminar la atmósfera, el resto sigue aquí con nosotros. Trate de recordar su niñez, su primer juguete de plástico o su chupón favorito. Aun existe. Entero o en pedazos. Flotando en el mar, enterrado o reciclado, ahí estará por décadas y siglos por venir.

Plástico en el mar

El problema de la contaminación del océano tiene muchas dimensiones. No sólo depositamos en él millones de toneladas de plástico, aguas negras y químicos cada año. También contaminamos con ruido (motores de botes, sonares y explosiones para buscar petróleo), sal (extraída por plantas desalinizadoras y devuelta al mar como desecho) y calor (generado, por ejemplo, cuando se usa agua fría de mar en sistemas de enfriamiento y se regresa agua caliente al sistema).

Según un artículo publicado en la revista científica Science (y reportado por National Geographic), en el año 2010 se produjeron más de 275 millones toneladas de desechos plásticos en el mundo. De estos, llegaron al mar 8 millones de toneladas. Eso equivale más o menos a botar 5 bolsas plásticas por metro de playa, en todas las costas del mundo. Trate de imaginarlo y guarde esa foto mental de su playa favorita para la próxima vez que va al súper y pide una bolsa. Si seguimos así y no cambiamos nuestros hábitos de consumo y tratamiento de basura, se estima que para el año 2025 la contaminación plástica que va al mar equivaldrá a 10 bolsas por metro de costa.

Ahora, el tema del plástico no es sólo que se ve feo, sino que mata porque muchos animales lo confunden con comida. Tortugas marinas confunden bolsas de supermercado con medusas. Ballenas y aves marinas caen también en la trampa. Todos mueren.

Pero, ¿porqué comen los animales el plástico?

No todos confunden una bolsa con un animal o planta. Otro estudio publicado en la revista Science Advances reporta que la basura plástica en los océanos está impregnada con aromas que engañan a las aves y otros organismos, invitándolos a comerla. Resulta que muchos animales no sólo dependen de la vista para buscar comida, sino también del olfato. ¡Al igual que nosotros!

Las aves son sensibles al sulfuro de dimetilo (SDM), un compuesto químico producido por microalgas marinas cuando son comidas por el krill, algo parecido a un camarón miniatura.  Si hay krill comiendo microalgas en el mar, el aroma a SDM será más fuerte y las aves usan ese olor para encontrar alimento porque, ¡adonde hay krill hay peces que comen krill! El asunto se complica para las aves porque el plástico que flota en el mar facilita que se acumulen microalgas y plancton a su alrededor y que se impregne de ellas. Esto hace que sea confundido con comida.  Es un problema enorme. Estudios independientes indican que el 99% de las especies de aves marinas habrá ingerido plástico para el año 2050.  Lo que es peor, los científicos piensan que otros animales como tortugas marinas, peces y hasta mamíferos marinos podrían estarse confundiendo de igual manera.

Para terminar, si piensa que las aves son tontas, no se apresure. El aroma del SDM es lo que muchos identifican como gran responsable del “olor a mar”. Si durante sus vacaciones usted suspira junto al mar, relajado por la vista, el sonido y disfruta el perfume del mar, recuerde al menos no contaminar. ¿No le gusta el olor a mar? El SDM se encuentra también en el vino y contribuye con su aroma, en especial las fragancias afrutadas. ¡Salud!

Todas las fotografías tomadas por el autor.

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Marco Quesada