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Guatemalaex

Las voces de los que quedaron en Guatemala

No creo en las casualidades: las personas llegan a nuestras vidas para enseñarnos algo.

Este relato –que me contaron a dos voces– cambió para siempre mi forma de entender las fronteras y la guerra.  Una familia guatemalteca que eligió a Costa Rica como su hogar me enseñó que el amor y la valentía construyen puentes y que se puede tener el corazón latiendo en dos lugares.

Primero conocí a Héctor. Mientras entrábamos en confianza conversamos de muchas cosas. Me impresionó su mirada noble, y su gesto tranquilo. Es un joven inteligente y apasionado, con una mente que viaja a mil kilómetros por hora buscando soluciones. Es una de esas personas inquietas que hace, que construye. Supe que él estaba listo para empezar la entrevista cuando me explicó: “Mi historia es la historia de muchas familias. Cambian los nombres, las fechas, pero el dolor es el mismo.  Es el dolor de mucha gente.  Por eso, la justicia en este caso, será la justicia para muchos que no tienen voz”.

Los Molina-Theissen, la familia de Héctor, viven en Costa Rica desde los noventa. Llegaron cargando un equipaje pesado, lleno de recuerdos y grandes amores que se quedaron atrás.  Héctor sonríe y me dice que muchas veces, después de que explica que es un inmigrante debido a la guerra, las personas no le preguntan nada más. Quizás nadie quiere hablar de la guerra, quizás en Costa Rica la guerra se siente muy lejana.  

Conocí a doña Emma, tía de Héctor, varias semanas después. Un alma noble, de esas que brillan a la distancia. Con una valentía y una fuerza que nunca había visto antes, me contó lo que le había sucedido a inicios de los años ochenta.  Mientras doña Emma hablaba, Héctor la acompañaba con su mano en el hombro.  Yo estaba, sin duda, frente a una familia unida.

Desde que Emma tenía 16 años se involucró en luchas sociales. Temas que en Costa Rica damos por sentado como los salarios mínimos son aún hoy una lucha constante en Guatemala. “En Guatemala los salarios son de hambre. Hay gente que sobrevive con menos de un dólar al día. El aumento salarial llega cuando hay muertos. El incremento de los pasajes de autobús se impide con muertos. La clase empresarial puede ser muy despreciativa de la vida”, me explicó doña Emma.

Tras la Revolución Sandinista en Nicaragua, la posibilidad de que el bloque comunista se extendiera puso al resto de los países del istmo nerviosos. En este marco histórico surgieron en Guatemala organizaciones militares de derecha que querían asegurarse el poder. No se hacía distinción entre ser parte de movimientos estudiantiles o estar en un sindicato... los militares veían estos grupos como el enemigo público que debía ser aniquilado.  De esta forma inició una represión sumamente cruel.  Se calcula que en 30 años de represión militar hubo 250 mil personas asesinadas, y 45 mil personas desaparecidas. Prácticamente todos los hombres compañeros del movimiento estudiantil del que formaba parte doña Emma fueron asesinados o están desaparecidos. “Lo peor de las desapariciones es que le toca a la familia ‘matar’ a sus seres queridos” me dice Héctor, como quien explica una realidad muy conocida. Es la familia del desaparecido la que decide cuándo detener la búsqueda y aceptar el comienzo del duelo.  

El 27 de setiembre de 1981 el ejercitó capturó a doña Emma, quien tenía 21 años. Emma llevaba propaganda y material de estudio de la organización de izquierda a la que pertenecía. No era una organización guerrillera, era el Partido Comunista de Guatemala. En el cuartel militar fue violada y torturada... día con día sufrió todo tipo de abusos; le negaron agua y comida. La mantuvieron engrilletada a la litera de una cama de los oficiales; su presencia en la base militar no era pública. Naturalmente Emma empezó a bajar de peso y para el noveno día estaba tan delgada que pudo soltarse de los grilletes. “Ese día no llegaron (los oficiales) en todo el día.  Yo tenía un dolor de estómago muy fuerte y pedía a gritos que me dieran agua, tenía 9 días sin agua. Cuando me logré soltar de los grilletes, sabiendo que la puerta estaba con candado, revisé la ventana. La ventana estaba solo tapada con papel periódico y me escapé por ahí. Pensé ¿qué diré si me encuentran? pero me di cuenta que casi ninguno de los militares sabía que estaba ahí, así que decidí salir por la puerta principal”. Su voz se cortó en algunas ocasiones durante el relato... Héctor se acercó hasta terminar abrazándola.

***

Al día siguiente de su heroico escape llegaron a buscarla los militares a la casa de la familia. Ella estaba escondida en otra ciudad. Encontraron en la casa a su mamá y a su hermano de 14 años, Marco Antonio. Con furia y buscando venganza, los militares se lo llevaron. Desde hace 35 años la familia Molina-Theissen no sabe de él. 

El Partido Comunista sacó a Emma del país hacia México, luego de estar 4 meses escondida. Su familia no le contó lo que había sucedido con Marco Antonio para evitar causarle más dolor. Finalmente, en abril de 1982, Emma empezó a pedir regresar a su país, pensaba que la pesadilla ya había concluido. En ese momento su familia no tuvo más remedio que contarle lo que había pasado con su hermano.  

Desde que los militares se llevaron a Marco Antonio los papás de Emma empezaron una una larga búsqueda, conversando en los cuarteles militares, acudiendo a políticos, tocando las puertas de la Iglesia. Les costó mucho tomar la decisión de salir de Guatemala porque sentían que estaban dejando atrás a Marco Antonio. Sin embargo, cuando mataron a su cuñado, la familia de Emma sintió la necesidad de emigrar.  

Si ellos no hubieran salido, estoy segura de que hoy estarían muertos”, me explica Emma. “En ese momento era muy difícil salir. Había una estrategia muy fuerte de represión. Los militares ponían personas en migración, si llegaba alguien a sacar su pasaporte para salir del país, lo desaparecían. Las embajadas tenían vigilancia extrema, sobre todo después de lo que sucedió con la embajada de España”. Doña Emma se refiere a un incidente en 1980 en el que fueron quemados 31 campesinos y parte del personal de la embajada española. Los campesinos estaban reclamando derechos sobre sus tierras y los militares quemaron la embajada como forma de reprender la manifestación.

Su hermana Lucrecia tomó la decisión de que salieran del país y organizó todo. La única sede diplomática que no estaba tan custodiada era la de Ecuador.  Todos fueron a solicitar ayuda a esta embajada. Su hermana Eugenia, de 27 años, con 10 días de haber quedado viuda, con una hija de 3 años y otro en brazos; sus papás y parte de la familia de su cuñado asesinado, todos se fueron a Ecuador, donde tuvieron una vida con muchas dificultades. Lucrecia se fue a México donde estaba Emma. “Todos estábamos luchando, sobreviviendo al dolor de perder a nuestra gente amada. Con el sufrimiento extremo de haber dejado a Marco Antonio en Guatemala. Esto papá no se lo perdonó nunca, ni en el día de su muerte”.  

***

guatemalarecuerdaEn México conocieron a una persona relacionada con el servicio universitario mundial que le ofreció una beca a Lucrecia. Ella le cedió la beca Emma, la que escogió venir a estudiar a Costa Rica. Su hermana la acompañó. “Costa Rica es un país maravilloso donde no sólo podíamos sobrevivir, sino, realmente vivir y darles legalidad a nuestros hijos”. Entonces, vino el resto de la familia en los noventa. “Costa Rica se ha convertido en la patria que hubiéramos querido para Guatemala y en una patria que nos ha abierto los brazos, las oportunidades y que amamos por elección”.  

En este momento decidimos hacer una pausa. Doña Emma, fuerte, abrazada amorosamente por Héctor, seguía contándome sobre el cariño tan grande que le tienen a Costa Rica. Yo no sé en qué momento comencé a llorar con ellos.

Héctor me contó que cuando en el 2004 vio a su mamá dar testimonio ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), se echó a llorar. Ese era un tema que todos en su familia sabían que había ocurrido pero del que no se hablaba mucho. En ese momento se dio cuenta del dolor tan grande que lo acompañaba. También era su dolor. “La lucha de mi familia es una lucha de amor. Podríamos habernos quedado callados y no haber buscado un juicio por lo que le hicieron los militares a mi tía y por la desaparición de mi tío. ¿Para qué joder nuestra comodidad?. Porque la comodidad no es una opción. Hay que hacer algo”.

La Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) publicó que en el 2015 Costa Rica registró 2.203 solicitudes de asilo presentadas por personas huyendo de la violencia en El Salvador, Honduras y Guatemala.  Estos niveles no se conocían desde los conflictos armados de los años ochenta.

Para Héctor, dar a conocer el caso de su familia puede ayudar a crear más empatía. “Mucha gente está huyendo del terrorismo de Estado y de otro tipo de violencia. Los problemas actuales de Centroamérica no son de generación espontánea. Hay que ponerse en el lugar de la gente (de los migrantes) y desde ahí, desde ese puente que voluntariamente tendemos, comprender la realidad del otro”.

También debemos conocer lo que sucede en Centroamérica porque la paz que tenemos hay que preservarla. La paz es muy fácil de perturbar”, concluye doña Emma.“Costa Rica aún no ha sido alcanzada por acciones violentas o gobiernos represivos. El autoritarismo, y el desprecio de las personas es la base para los horrores que se han dado en países vecinos”.

Ante mis ojos tengo una familia que ha transformado el dolor en fuerza para hacer el bien, para darle voz a tantos que no la tienen. Poco sospechaban ellos del impacto que habían tenido en mí. Ya nada sería igual. Su sed de justicia y su esperanza es contagiosa. Su historia es ya también mi historia.  

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El 25 de octubre finalmente se superó la primera fase del proceso judicial y los 5 exmilitares de alto rango procesados por desaparición forzada, delitos contra los deberes de la humanidad y violación sexual (con agravación de la pena porque fue colectiva y reiterada) fueron elevados a juicio. La audiencia de apertura es el 9 de diciembre...

Haydée Rodríguez