El doctor Luis Enrique Blanco utiliza su tiempo libre para dar consulta gratuita a las poblaciones indígenas en Talamanca.

Desde hace más de tres años este médico, conmovido por las difíciles condiciones de vida de las personas indígenas, inició una aventura para contribuir con la salud de estas poblaciones en diversas zonas de Talamanca, como Telire y Piedra Meza.

El médico, quien es director del Área de Salud de la CCSS en Zarcero, ha trabajado de la mano de la Policía de Control de Drogas (PCD) del Ministerio de Seguridad y el Servicio de Vigilancia Aérea (SVA), instituciones que se convirtieron en la clave para el inicio de esta obra social, que ha entretejido una alianza humanitaria entre ellos y la comunidad. El médico nos comenta:

 En el 2013 recibí una invitación por parte de uno de los compañeros de la PCD para que asistiera con ellos a ver qué se podía hacer con la población indígena. Al llegar, con lo primero que nos enfrentamos fue con la falta de confianza, que por su cultura se da, pero conforme la ayuda se ofreció todo se transformó en una alianza entre PCD y comunidad.

Realidad en Talamanca

La Cordillera de Talamanca alberga varias poblaciones indígenas (cerca del 60% de la población indígena de Costa Ricareside en a zona). Los habitantes enfrentan condiciones muy complicadas en vivienda (hacinamiento), agua potable (escasa) y acceso a la salud.

La atención a la salud en algunas regiones como Alto Telire se complica por las características dificultosas de su topografía, la barrera del idioma y la cultura de los pobladores: según las tradiciones locales los elementos de la naturaleza son sagrados y ayudan a sanar, por lo que encierran la ciencia y la religión en un solo concepto.

Lo remoto del lugar, el clima, el caminar horas en montaña y terreno complicado es lo menos a lo que uno se enfrenta… pero al percatarse de que ahí necesitan todo, lo único que importa es ayudar. También nos enfrentamos a la limitante del idioma, ya que ellos hablan en cabécar.

Superando todos los factores geográficos, topográficos, culturales y de idioma, el doctor Blanco se ha convertido en fuente de inspiración para muchos. Lleno de convicción, cala en nuestra conciencia con una frase clave, a veces olvidada por muchos:

La población indígena es costarricense igual a nosotros

Sumando esfuerzos

Con esa visión, la familia del médico y los pobladores de Zarcero se han unido para auxiliar y mejorar la calidad de vida de estas poblaciones indígenas. Las primeras que se involucraron a brindar más ayuda, fueron su esposa (Dunia Bolaños) y posteriormente su hija, Melissa Blanco, quien es odontóloga y ofrece, también sus servicios de manera gratuita.

Mi esposa es la encargada de recolectar, seleccionar y distribuir por grupos todas las donaciones que recibimos. Esa labor la realiza con mucha anticipación. Por lo menos dos meses antes de cada viaje que realizamos. Mi hija siempre viaja conmigo vía aérea, en algunos casos es la única forma de ingresar a estos lugares

Además, ya se ha involucrado un profesional en ingeniería, quien iniciará los estudios correspondientes para explorar la posibilidad de llevar agua potable al lugar. Tal carencia constituye el principal disparador de las enfermedades que se sufren en la zona.

Podemos sumarnos a esta ayuda humanitaria

La alianza forjada entre el doctor Blanco, la PCD, el SVA y las comunidades indígenas, ha permitido que muchas personas, de manera solidaria, se sumen a este esfuerzo, a través de donaciones que son trasladadas montaña adentro, por los gestores de esta acción. Usted también puede sumarse y contribuir con donaciones de botas, cobijas, hamacas, útiles escolares, alimentos y medicinas (no se acepta dinero en efectivo). La PCD, con gran entusiasmo, nos comenta que a través de ellos pueden hacerse las donaciones. Además, nos señalan que el Servicio de Vigilancia Aérea (SVA) cuenta con un proyecto denominado Alas para crecer, a quiénes pueden contactar directamente a su Facebook o al 8302-7474.

Fotografía: Alas para crecer.
Ana Gabriela Massey

Abogada de profesión, fraternal por vocación, pertinaz por decisión.

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