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El futuro de las luchas antipetroleras en la era de Trump

Tras siete meses de protestas, y consternados por el gane de Trump, los indígenas Sioux presionan a la administración Obama en búsqueda de respuesta.

Varios miles de personas acampan desde abril en la reserva indígena Standing Rock, Dakota del Norte, con el objetivo de frenar la construcción del oleoducto de la empresa Energy Transfers Partners (ETP), valorado en $3.8 billones.

En el mes de setiembre la construcción del Dakota Access Pipeline (DAPL) llegó hasta los bordes del río Missouri, donde la empresa espera enterrar la tubería unos 28 m bajo la superficie del mismo. Este río es la fuente principal de agua de la tribu Sioux, quienes temen por futuros efectos sobre él y reclaman además la irrupción de la empresa constructora en sitios sagrados para ellos.

A pesar de la falta de cobertura mediática que ha tenido el caso, la administración de Obama sí pidió que se detuviera el avance para revisar los permisos requeridos por el Cuerpo de Ingenieros del Ejército de los E.E.U.U. Aún así ETP siguió su construcción hasta llegar a ambos lados del río.

Las protestas han sido mayoritariamente pacíficas. Sin embargo el 27 de octubre hubo varias manifestaciones violentas en reacción al uso de gas pimienta y balas plásticas por parte de la policía.

Ahora los “protectores del agua” (como se llaman a sí mismos quienes protestan) han convocado al resto de los estadounidenses a unirse en una protesta masiva el próximo martes 17 de noviembre. El llamado es a congregarse en las distintas agencias del Cuerpo de Ingenieros de todo el país, y también frente a los bancos que financian el proyecto.

El banco noruego DNB ha tomado la iniciativa de mediar en el conflicto en busca de una solución y amenaza con retirar su apoyo financiero si no se llega a una respuesta que apacigüe el panorama. La compañía Citigroup Inc también se ha acercado a la empresa constructora tratando de buscar una resolución.

Donald Trump y el DAPL

El presidente electo no se ha pronunciado directamente sobre el caso de Dakota del Norte. Sin embargo sí ha sido explícito en sus intenciones de reabrir el proyecto de Keystone XL, un oleoducto que el presidente Obama frenó en el 2014.

Durante su campaña, Donald Trump se acercó a los empresarios petroleros en Dakota del Norte, e incluso reveló por primera vez su plan energético en una conferencia sobre hidrocarburos. El candidato republicano ganó las elecciones en dicho estado con un 64% frente a un 28% de Hillary Clinton. Sin embargo la demócrata ganó dentro del condado Siux.

No es de extrañarse entonces que el presidente ejecutivo de Energy Transfers Partners, empresa constructora del DAPL, haya hecho contribuciones de más de $100,000 a la campaña de Trump.

Por otro lado, su asesor en temas de energía durante la campaña, Harold Hamm, es el presidente ejecutivo de Continental Resources, una de las empresas que usará el oleoducto para transportar su crudo. Hamm es considerado una de las opciones más fuertes para convertirse en el próximo Secretario de Energía.

Los estados financieros de Trump demuestran además que el magnate tiene casi 1 millón de dólares invertidos en ETP, y otro millón de dólares invertido en Phillips 66, que sería la empresa dueña de un 25% del proyecto una vez terminado.

Es claro que en la era de Trump las políticas energéticas se enfocarán de lleno en inversiones en petróleo, carbón y gas natural. Por esta razón los indígenas de Standing Rock esperan que se tome una decisión en las próximas semanas con la esperanza de que el actual gobierno siga su tendencia ambientalista y renovable en el tema.

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Carolina Sánchez Naranjo