Donald Trump reafirma su postura en torno a energía y confirma desconfianza en la lucha contra el cambio climático.

Paris 2015

El acuerdo alcanzado a finales de 2015 en París como producto de la reunión COP21, fue celebrado como un evento histórico en la lucha contra el calentamiento global. Los objetivos trazados implican limitar el calentamiento global a menos de 2 °C y luchar activamente para que sea solo de 1.5 °C, antes del año 2100. Para alcanzar esta meta los países se comprometieron a la reducción paulatina de la emisión de gases de efecto invernadero, como el dióxido de carbono (CO2) o el metano (CH4). El acuerdo parecía consolidarse en abril, cuando 174 países firmaron en el día de la Tierra e iniciaban su ratificación a nivel nacional. Para continuar en la ruta exitosa para su implementación, se requería que al menos 55 países ratificaran el acuerdo a nivel nacional y que los países ratificantes alcanzaran el 55% del total de emisiones antes del 7 de octubre. Estas metas se alcanzaron el 5 de octubre, cuando alrededor de 10 países lo ratificaron. Esto permitió que el 4 de noviembre el acuerdo entrara en vigencia, en el preámbulo de las reuniones CMP12 y COP22 en Marraketch, Marruecos.

La implementación de este acuerdo ha sido sumamente difícil y no se hubiera alcanzado de no ser por participación de diferentes personas (por ejemplo: Christiana Figueres) o gobiernos. El Presidente Barack Obama ha querido situar a Estados Unidos, país con más emisiones de gases de efecto invernadero, en una posición de liderazgo. Durante la reciente campaña presidencial presumió el acuerdo como uno de los logros de su gobierno. Además, su administración ha promovido el desarrollo de energías renovables, ha aumentado los sitios restringidos para la explotación petrolera e incluso, ha planteado un plan para la descarbonización de la economía estadounidense para el año 2050.

Presidente Trump

Paralelamente a la implementación del acuerdo, se estaba llevando a cabo la campaña presidencial en Estados Unidos. El entonces candidato, Donald Trump, se había referido al tema energético en términos opuestos a los acuerdos de París, aludiendo al calentamiento global “como una farsa china” y dejando claro que estaba dispuesto a renegociar el acuerdo. Además, en repetidas ocasiones dijo apoyar la explotación de gas natural o carbón, así como la construcción del proyecto “Dakota Access Pipeline“. También apoyó la eliminación de las limitaciones para el aprovechamiento con miras a mejorar la autosuficiencia energética del país, aumentar las ventas a Europa y la creación de empleos. Como consecuencia, al ganar las elecciones, las acciones de las compañías petroleras subieron entre el 10 y 50%, mientras que las de compañías de energías renovables bajaron entre un 6 y un 17%.

Estas posiciones provocaron la respuesta de muchos sectores. A nivel interno, más de 300 compañías y empresarios manifestaron su deseo de que se respeten los acuerdos de París; líderes militares pidieron que el tema sea visto como una amenaza de seguridad nacional y el billionario Tom Stayer dijo estar dispuesto a financiar programas para luchar en contra de las políticas ambientales y energéticas del presidente.

A nivel internacional, los miembros del Grupo de Trabajo Internacional en Clima y Seguridad definieron el Cambio Climático como una amenaza para la paz y la estabilidad y pidieron seguir trabajando en el tema. Los líderes de países como FranciaChina, y el Secretario General de la ONU, Ban Ki-moon, también mostraron su preocupación, resolución y optimismo, respectivamente.

Pese a estos pronunciamientos, el Presidente electo Trump confirmó su posición para desregularizar el aprovechamiento del petróleo de esquisto (“shale energy”) y carbón limpio (“clean coal”) como un medio para generar trabajo de calidad.

On energy, I will cancel job killing restrictions on the production of American energy including “shale energy” and “clean coal” creating many millions of high paying jobs.

¿Qué implicaciones tiene esto?

Según estimaciones de la campaña del presidente Trump, las reservas energéticas explotables tienen un valor de $50 trillones, permitiendo la creación de 500 mil empleos anuales y una carga salarial de $30 billones. Aunado a esto y en favor a la nueva política de Estado, la semana anterior la agencia estatal United States Geological Survey (USGS), anunció que las reservas en “WolfCamp Shale” de Texas son “el mayor reservorio continuo jamás evaluado por la agencia en Estados Unidos“.

La explotación de este petróleo se llevaría a cabo mediante la técnica de “fracking”. Esta técnica no se encuentra exenta de polémica, ya que utiliza altos volúmenes de agua, libera metales pesados y gases de efecto invernadero en el proceso de extracción. Por otra parte, el “carbón limpio” se refiere a la optimización del proceso de combustión del carbón. En este proceso se reduce la emisión de sustancias que afectan la salud de las personas casi en un 80%, pero no se afecta el CO2 emitido. Más recientemente, también se denomina a las técnicas de secuestro de carbón en rocas como parte del “carbón limpio”. Sin embargo, ambas fuentes de energía contribuyen al calentamiento global.

Las reservas en Wolfcamp Shale podrían representar 20 billones de barriles de petróleo, 45 billones de metros cúbicos de gas natural y 1.6 billones barriles de líquidos de gas natural*. 

Además, el cambio de política de Estados Unidos, podría implicar que India, tercer país con más emisiones, también abandone el acuerdo por falta de subsidios económicos para hacer la transición energética. Así las cosas China podría asumir el liderazgo global en la lucha contra el cambio climático. Por otra parte, la -ya maltrecha- economía rusa podría verse afectada negativamente. La producción estadounidense contribuiría a la baja de los precios internacionales y secundariamente, podría aumentar sus exportaciones de gas líquido a Europa, compitiendo con la empresa rusa Gasprom.

Pese a que en las propuestas de Trump, se incluye “…estimular el uso de gas natural y otros recursos energéticos estadounidenses que reduzcan las emisiones…” y recientemente le dijo al New York Times “que se encuentra revisando el acuerdo y mantiene una posición abierta” al respecto, las primeras decisiones no parecen mantener concordancia. Esto ha consternado a múltiples actores a nivel global.

Sin embargo y para no cerrar en un tono completamente negativo, el director del Programa Ambiental de la ONU, Erick Solheim, ha dicho que Estados Unidos no podría salir antes de 2021 debido al procedimiento legal asociado. Otra opción para mantener en rumbo el acuerdo es que los gobiernos estatales tomen medidas para cumplir las metas independientemente del gobierno federal. Mientras tanto, algunos ya están pensando en cómo llevar a buen puerto el acuerdo de París, incluso sin la presencia de Estados Unidos y la imposición de sanciones económicas.

¿Cómo asumir los retos que plantea la nueva política de Estados Unidos? ¿Será el acuerdo de París lo suficientemente sólido para continuar vigente en este nuevo escenario? Preguntas que todavía no tienen respuesta, pero que se irán contestando en los próximos meses.

* Dato de la USGS.
Aldo Farah

Biólogo.

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