En pocas cosas hay tanto consenso discursivo en el mundo, como en el rechazo a las armas químicas

Diseño por Edel Rodríguez, tomado de Twitter,

Los portavoces estadounidenses – y los presidentes – ostentan doctorados honoris causa en rasgarse al extremo las vestiduras ante cualquier resabio de uso de armas químicas. Recientemente, Estados Unidos, Francia y Reino Unido nos han recordado su auto-designación como referentes éticos mundiales, como auditores de la paz mundial y los derechos humanos en todo el mundo. Estos países están destinados a protegernos de cualquier loquillo que riegue cloro, gas sarín o fósforo blanco sobre nuestras casas. ¡Jamás harían uso estos países de armamento químico y menos contra su propia población civil! ¿O sí? Pues, se vuelve pertinente rebobinar un poco sobre cosas que quizá ya sabíamos pero habíamos dejado de lado.   

 

No solo Estados Unidos tiene muchos trapos sucios en este tema – dentro y fuera de sus fronteras –, sino también Reino Unido. Winston Churchill – el “mejor británico de toda la historia” –, no escatimó palabra ni acción, cuando de defender sus intereses geopolíticos se trataba. Tanto The Telegraph como The Guardian han retrotraído las conclusiones del historiador Giles Milton, acerca del uso de armas químicas por parte de Reino Unido durante 1919 – al final de la Primera Guerra Mundial –, en las aldeas rusas de Chunova, Vijtova, Pocha, Chorga, Tavoigor y Zapolki. Consecuente con su acción, declaró: “Apoyo firmemente el uso de gas venenoso contra tribus incivilizadas“.

 

Otras potencias europeas no se quedaron atrás. Durante la Guerra Ítalo-Etíope (1935-1936), el fascismo italiano atacó con armas químicas a varias aldeas etíopes y cuya evidencia ha recopilado el Stockholm International Peace Research Institute. También, varias compañías francesas han sido apuntadas por suplir de insumos químicos a la maquinaria bélica de Sadam Hussein en la década de 1980. Sin embargo, aún así se le quedan muy por detrás a los Estados Unidos y su reconocida trayectoria en el uso y apoyo de armas químicas. Vamos a realizar un rápido punteo, a través del largo historial del “defensor de la democracia en el mundo”.

 

Vietnam nunca más

Se estima que alrededor de 1,1 millón de vietnamitas murieron en esta guerra; cualquier estimación de la cantidad de muertes relacionadas con el uso de armas químicas reviste gran dificultad. De acuerdo con fuentes norteamericanas, desde 1961 hasta 1969, Estados Unidos aplicó en Vietnam del Sur 50,000 toneladas de defoliantes y por lo menos 77,000 toneladas de gases tóxicos. Esto derivó en la destrucción de más de 1,836,950 hectáreas de tierras cultivadas. La cantidad de muertes relacionadas a las armas químicas es un misterio – hay quienes estiman que son 400.000 personas a raíz del Agente Naranja –. De lo que se puede tener más certeza es de la cantidad de vietnamitas que, aún en la actualidad, padecen los efectos de la exposición a los agentes químicos usados por Estados Unidos. El periodista Francis Wadden publicó desgarradoras fotografías de niños y niñas de la ciudad de Saigon que, aún hoy día, nacen con deformaciones fisiológicas vinculadas al Agente. De hecho, cuatro décadas después de la Guerra, las autoridades sanitarias vietnamitas calculan que hay alrededor de 1.3 millones de menores con algún tipo de deformación relacionada a los agentes químicos aplicados.

Halabja merece un lugar en la historia

En otros casos de ataques químicos, EE.UU ha sido cómplice, ya sea debido a su silencio – a pesar de tener conocimiento pleno – o debido a su participación indirecta. Recientemente han sido desclasificados documentos de la CIA, de los cuales se desprende pruebas que ratifican que EEUU tenía conocimiento del uso de armas químicas por parte del Ejército Iraquí en la Guerra Irán  vs Iraq (1980-1988). En marzo de 1988, Irak atacó la localidad kurda de Halabja, y mató alrededor de 5.000 personas. Estados Unidos dio apoyo logístico a estos ataques, especialmente a través del suministro de imágenes satelitales. Aquí una crónica de lo vivido en Halabja.

 

Monumento en la ciudad iraquí de Halabja. Dos manos abiertas imploran que nada más caiga del cielo.

Monumento en la ciudad iraquí de Halabja. Dos manos abiertas imploran que nada más caiga del cielo.

Los paladines químicos del mundo libre occidental

Tampoco podríamos dejar por alto el engaño con que los señores Bush y Blair justificaron su invasión a Irak en 2003, desatando una guerra en la cual (de nuevo) el Ejército de EEUU utilizó armas químicas. En el reportaje titulado La masacre escondida, de la italiana RAI, se citan varios documentos y relatos, tanto de soldados como residentes de Faluya, en que se asevera el uso de una nueva versión del Napalm, así como de fósforo blanco. El fósforo “quema el cuerpo y derrite la carne hasta los huesos” – relata uno de los soldados entrevistados –. Al respecto, EEUU se defendió alegando que “no se trata de un arma ilegal” y que sólo fue usado para “iluminar posiciones enemigas”. Este mismo subterfugio le ha servido a EEUU para defenderse ante las acusaciones de organismos como Human Rights Watch sobre su utilización de fósforo blanco en la actual guerra en Siria.

 

Parece que Israel ha sido un buen alumno alrededor del uso del fósforo blanco, ya que la ONU comprobó que hizo uso de esta arma en 2009 y el mismo Ejército Israelí ha reconocido que fue aplicado en zonas pobladas por civiles de Gaza. Además, lamentablemente, 2009 no fue la única vez.

 

Pero ¿hasta con su propia población?

 

Lisa Martino-Taylor, profesora de Sociología de la Universidad de San Luis, defendió en 2012 su tesis de doctorado en Filosofía en la Universidad de Missouri-Columbia, titulada The Manhattan-Rochester Coalition, research on the health effects of radioactive materials, and tests on vulnerable populations without consent in St. Louis, 1945-1970. Esta tesis fue la base para que la socióloga publicara, en agosto de 2017, un libro – Behind the Fog: How the U.S. Cold War Radiological Weapons Program Exposed Innocent Americans –  que movió el piso en varias instancias militares y políticas estadounidenses. De hecho, semanas después de la publicación, los congresistas estadounidenses Jim Cooper, Brad Sherman y Lacy Clay conjuntaron esfuerzos para solicitar detalles alrededor de la complicidad del Pentágono, y requerir investigaciones sobre los posibles efectos a largo plazo de la exposición a los pueblos irradiados.

 

Pero ¿qué reveló la doctora Martino-Taylor? A través de una extensa recopilación documental – que incluyó  informes del Ejército –, la socióloga apuntó hacia un programa de experimentación de exposición a radiación y armas químicas en población civil, ejecutado en territorio estadounidense entre la década de 1940 y 1960. Parte de la investigación detalla que los militares, entre los años 1950 y 1960, dispersaron partículas microscópicas de sulfuro de zinc-cadmio (ZnCdS) sobre partes del territorio estadounidense, con el propósito de analizar la velocidad de propagación y la distribución geográfica de la sustancia. Según investigaciones del profesor Ulf Schmidt, de la Universidad de Kent, el Gobierno británico ejecutó experimentos similares, incluyendo pruebas con armas biológicas, entre 1953 y 1964 en el metro de Londres.

 

Uno de los experimentos más polémicos revelados por esta socióloga, es el denominado ‘Manhattan-Rochester Coalition’ (MRC) que se llevó a cabo en barrios bajos de St. Louis, Missouri. Se dispersó esta variedad de partículas, bajo el engaño de que eran ”ensayos para la creación de una cortina de humo en caso de un ataque de las tropas soviéticas”. De hecho, según Martino-Taylor, se escogió St. Louis ya que “era muy similar, por su planificación urbanística, a las ciudades soviéticas”. También hubo experimentos muy similares a este en territorio canadiense; específicamente, en Winnipeg.

Fotografía recuperada por la investigadora, de la ejecución de los experimentos.

Las conclusiones de la doctora Martino- Taylor van en la línea de reflexionar cuántos casos de posibles experimentos con armas químicas o biológicas no han sido aún investigados y siguen ocultos en documentación clasificada, que tal vez nunca será escrutada. Quizás, los casos expuestos por ella sean apenas una aguja en un pajar. Por lo menos, su aporte nos recuerda la importancia de practicar la puntería.

 

Daniel Torres Sandí

Estudiante de Sociología- UCR | Regidor, Concejo Municipal de Moravia.

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