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Juventud frenada en un sistema obsoleto

La ciudadanía costarricense cada vez se sumerge más en el desinterés... se ha desvalorado el esfuerzo planteado para el bien común.

La mayoría de las acciones pensadas para erradicar esta apatía (que pareciera cada vez más generalizada) han sido desarrolladas por la población adulta, la dominante. Pero, ¿dónde se sitúan los jóvenes en el proceso de contrarrestarla?

La juventud costarricense enfrenta una infinidad de desafíos y muchas, muchas dudas. Sucede que todas aquellas acciones tomadas por el país con el fin de motivar a la población joven a ser crítica y responsable, se frenan con un sencillo enunciado popular: “A usted aún le faltan años”. No podemos referirnos a los jóvenes como participantes activos en política, economía, cultura y ciencia hasta que se reconozca su voz y voto. La necesidad de reformar la sociedad costarricense y tomar cartas en el asunto es imperante.

Las bocas de muchos jóvenes permanecen cerradas ante la opresión de un sistema adultocentrista... la exigencia de contar con un título de «ciudadano» para tener relevancia real en la sociedad actual es, simplemente, absurda. La autonomía de la juventud se consume entre las barreras impuestas por jerarcas con exceso de poder y una considerable falta de conciencia "autoimpuesta". Así, la poca atención y el poco apoyo a iniciativas innovadoras de mentes en desarrollo forjan una Costa Rica donde un joven (en muchas ocasiones) dice lo que puede, no lo que quiere.

Una nación libre no se construye solo con ideas, se construye con acciones. La juventud costarricense está llamada a levantarse y luchar por sus intereses. No somos una masa amorfa, sin dirección; si se unen esfuerzos y se proclama nuestra voz se nos empezará a prestar más atención. No somos el futuro, somos el presente inmediato. Tan solo se necesita el espíritu de cambio y una actitud progresista para ser tomados en cuenta.

Basta de silencio, mentiras, miedo, conformidad, desorden e ignorancia. ¡Obstruyamos la corriente que alimenta la jerarquía! ¡Destruyamos los muros que limitan la valentía! La juventud costarricense camina con peligro hacia la mediocridad. Las acciones se necesitan ya, todo cuenta.

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EtiquetasJuventud
José Andrés Céspedes