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Todos somos migrantes

En el colegio nos enseñaron que el continente americano se pobló gracias a la migración de seres humanos a través del estrecho de Bering, que separa a América de Asia.

Viéndolo así... parece que todos somos migrantes o descendientes de ellos. Especialmente porque a partir de 1492 las tribus que ya estaban instaladas en América se vieron obligadas a relacionarse con los europeos que desembarcan y se adueñaban de todo lo que encontraran, incluyendo la gente. En otras palabras todas las personas que actualmente habitan el continente americano –en el centro del cual está Costa Rica– somos el resultado de una mezcla cultural y de la migración.

Además, en el caso de nuestro país, el Censo del año 2011 permitió conocer que el 9% de la población residente en el país nació en el exterior, lo que equivale a 385.899 personas extranjeras; de las cuales el 75% representa a la población nicaragüense.

Es a todas luces evidente que el fenómeno de la migración no es novedoso ni reciente. Por ese motivo no es comprensible la forma en que algunos países (y algunas personas...) han respondido a los flujos migratorios de los últimos meses. En redes sociales y en la calle, se han visto reacciones repletas de odio, xenofobia, racismo, egoísmo y falta de humanidad.

Los migrantes están optando por una práctica que ha estado vinculada al desarrollo de la humanidad desde siempre, debido a distintas razones: crisis económicas, olas de violencia, conflictos armados, búsqueda de oportunidades, persecución por razones ideológicas o religiosas, entre otras. No abandonaron sus países por gusto. En muchos casos, se trata de irse o morir...

Por ejemplo, en el territorio nacional, la mayoría de los extranjeros son nicaragüenses, colombianos, estadounidenses y panameños; pero ya la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) y la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) alertaron sobre el aumento migratorio hacia Costa Rica de personas del Triángulo Norte de Centroamérica (Honduras, Guatemala y El Salvador), quienes huyen de las amenazas de las maras, del crimen organizado y de la violencia.

Además, ya Costa Rica fue escenario de una crisis humanitaria vinculada a la migración, cuando le tocó recibir 7.802 cubanos que se dirigían a los Estados Unidos. Y ahora, cuando sus fronteras están repletas de personas africanas y haitianas que piden un salvoconducto que les permita luchar por hacer realidad su propio american dream.

En ese sentido, urge que las políticas públicas y los programas del Estado vinculados a la migración, al igual que las acciones de la sociedad civil, estén impregnadas de empatía y que, pese a que es necesario que sean realistas y sostenibles, no minimicen los compromisos que hemos adquirido sobre Derechos Humanos.

Somos un país que está siendo observado por los demás, un país que se ha adjudicado el adjetivo de “defensor de los derechos humanos” y que no puede olvidar jamás todo lo que le debemos a las personas migrantes que se han ubicado en Costa Rica y han aportado para hacer de este terruño una gran nación.

EtiquetasMigración
Floribeth González