Una reflexión tras la tragedia.

Si usted ve más allá de la nariz, es capaz de dilucidar la grandiosa labor del Gobierno de la República de Costa Rica, odiado por muchos, y hoy amado por los mismos que pedían su cabeza a escasos meses de ejercer su mandato.

No, no soy político, y espero sinceramente nunca serlo, soy un profesor de Estudios Sociales, asiduo crítico -considero constructivo- del Gobierno en sus clases de Historia de Costa Rica; pero que hoy decide bajar la guardia y reconocer dos puntos preponderantes en medio de una tragedia que enlutó a un país entero.

Si nos quitamos la venda de la mezquindad por un momento tenemos que aceptar (en primer lugar) la magnitud de la labor desplegada por las autoridades competentes con dos días de anticipación: Fuerza Pública, Cruz Roja, Comisión Nacional de Emergencias así como cientos de colaboradores y líderes comunales que aportaron a la causa.

Aunando fuerzas del Gobierno Central y empresa privada, esfuerzos vecinales y cobertura -aunque por ratos sesgada- mediática; hay que sacar provecho de esta tragedia, sí, de las tragedias también se aprende, y dilucidar lo que como sociedad podemos hacer, seríamos imparables si nos uniéramos de esta manera en cada proyecto que decidiéramos emprender.

Es cierto que no faltó la metida de patas en los noticieros que confundió la tragedia con campaña, el oportunismo político de un alcalde, las ganas de figurar de algunas personas, y la infaltable lapidación y condena de alguno que otro en las redes sociales; nada de lo anterior opacó, siquiera manchó lo que juntos podemos hacer si nos unimos por un instante. Sí dejamos los rencores del pasado y nos enfocamos a construir la Costa Rica que queremos; de lado quedarán aquellos que tienen estreñimiento de ver las cosas bien hechas, y pagan boletos para ver cómo según ellos nuestro país se desmorona.

En segundo lugar hay que destacar la respuesta, más allá del llamado que desde los distintos focos comunicativos, que tuvo LA NACIÓN ENTERA, sí, todos los ticos fundidos en el blanco, azul y rojo de nuestra bandera; el famoso eslogan que nos auto-adjudicamos “sí no es conmigo no me meto” quedó enterrado (esperemos para siempre…).

El sentido de unidad nacional, de cobijo patriota y cobertura nacional, es el que debe de primar en todas las facetas que como costarricenses emprendamos. No es difícil, como muchas cosas es cuestión de ejercitarlo y hoy tenemos el mejor ejemplo: un huracán que destruyó cuanto se encontró a su paso, hoy es el que reafirma la identidad costarricense. Esta respuesta no me hace sino recordar al poema “Parto” del poeta Jorge De Bravo, que poco o nada tiene que ver con el huracán Otto, pero que alegóricamente hoy podríamos equiparar con la tragedia, y decir que socorrimos no sólo a Upala, sino a nuestro país entero:

Mujer, toda mi sangre está presente contigo en esa lucha que sostienes. Contigo está mi amor incandescente y en tu llanto y en tu duelo me contienes. Nunca en la vida estuve tan de prisa, tan lleno de relámpagos y ruegos, como ahora que ha muerto tu sonrisa y están con tu dolor todos tus llantos y fuegos. Nunca estuvo mi amor tan a tu lado, nunca como esta noche de tortura, cuando sufre mi amor crucificado en el mismo tablón de tu amargura!

No faltaron los esbirros y lambiscones que en su afán de figurar, terminaron ignorados en algunos casos y en muchos otros repudiados. Esta es la Costa Rica que queremos y debemos seguir dando forma, construyendo todos desde nuestra trinchera, aportando sentido al camino que queremos llevar. Hoy siento que definitivamente Amor omnia vincit. Siento que el amor todo lo vence.

Fotografía: Roberto Sánchez.
Junior Aguirre Gorgona

Profesor. A veces escribo.

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