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De adentro pa'fuera: aterrizando en Playas del Coco

Un vistazo a la vida en la costa de la pampa.

Por esas cosas de la vida y después de muchos años de no vivir en Costa Rica (y a diferencia de mucha gente que sale a estudiar fuera y vuelve), yo me devolví no sólo a mí país, ¡me vine a vivir a Guanacaste!

Imagínese, yo vivía en Londres, y de ahí, pasé directo y sin escalas a Playas del Coco. La gente siempre me pregunta que si no me dió un "yeyo" el cambio, pero no; yo les explicó que si hubiera pasado de Londres a San José, sí me hubiera dado uno, porque mi expectativa de cómo debía funcionar la ciudad se hubiera caído más rápido que ligero... pero como sabía que me iba a vivir a la playa, estaba mentalizada a que todo iba a tener otro ritmo y la expectativa era pues...nula. La pegué.

Para mí, cinco personas en fila en un banco es un llenazo, dos personas en la caja del súper significa irse a dar una vuelta por los pancitos otra vez para "matar el rato". En vez de RostiExpress yo tengo "Pucho express", porque don Pucho, el pescador del pueblo, me va a dejar pescado fresco a mi casa hasta dos veces por semana. Yo soy de las que cuando usted viene para acá, yo salgo huyendo para allá, y disfruto de la capital como si fueran los 80.

Después de tres años de vivir en Guana, veo las cosas diferentes; como que los de la GAM están obsesionados con el tráfico (y cuando digo obsesionados imagínese que usted es el Coyote y Waze es el Correcaminos), que en las noticias sólo se habla de Guanacaste cuando es 25 de Julio, o hay sequía; o que los chepeños se quedan tan cortos de vista, que no se dan cuenta de que la verdadera riqueza cultural está en los pueblos rurales, donde los vecinos son el mae de Luxemburgo casado con la gringa, o los amiguitos de los hijos son de Las Filipinas, o los compas son el mexicano que vive con la portuguesa. Todo esto bañado por telas multicolores que cuelgan de los tendederos en los patios de tierra, mientras las gallinas y los zaguatillos andan por ahí.

Aquí en Guana he aprendido que en medio agosto hay apogeo de luciérnagas en el dosel y parecen nuestras verdaderas luces navideñas versión tropical; que no es necesario ver el calendario para saber cuando es luna llena, porque la claridad de las sombras me lo indica; o que si no tienen el médicamento en la farmacia del pueblo, me jodí, porque en Guana todo queda lejos. En fin, yo ya soy de esas que lo saco a usted de quicio porque en vez de manejar como Hernán Jimenez huyendo del tigre, manejo por media calle, a 1 km/h como si nada me atrasara.

No crea que todo es maravilloso. Espérese a que le cuente cómo me fue aquella vez que se me jodió la lavadora, o lo terrible que es no poder ir a comer mexicano cuando uno tiene antojo a falta de restaurantes de ese tipo. Porque no, para hacer comida mexicana no se vale darle a uno salsa de tomate italiana pero con tortilla de maíz.

No soy la única, somos varios. Muchos nos envidian, pero pocos se atreven a copiarnos. Yo soy su ventanita a la vida en Guanacaste, a la cual puede asomarse por medio de estas palabras cuando a usted más le convenga o si está en San José, cada vez que esté pegado en una presa.

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Maricruz Miranda