Experimentar en política se ve como un insulto cuando debería ser un reclamo.

Ahora que Costa Rica está entrando en una campaña electoral un poco prematura, merece la pena pararse y reflexionar sobre las demandas que la ciudadanía le va a hacer a sus candidatos. Si algo tenemos que aprender de la victoria de Trump es que ningún país está a salvo de populismos baratos que pueden poner en riesgo los valores que dábamos por seguros. Eso también debería enseñar a los candidatos moderados a ir eliminando malos hábitos que acaban aumentando la frustración en la ciudadanía.

Uno de esos malos hábitos constante en la mayor parte de los países del mundo cuando se entra en campaña, es escuchar a políticos veteranos ofreciendo su experiencia, contada como el número de años que lleva en política, como el adalid de la verdad que solucionará mágicamente todos los problemas del país. Frases como “no estamos para experimentos, se necesita experiencia y saber hacer para solucionar los problemas del país” pasan a ser recurrentes. Y ya se están empezando a escuchar en Costa Rica.

A simple vista puede parecer legítimo. Tener experiencia demostrada es un rasgo esencial para casi cualquier puesto de trabajo. Sin embargo, en política como en muchos terrenos de las ciencias sociales y naturales, aún falta mucho por descubrir. Pero cuando es necesario innovar, la experiencia o incluso el conocimiento teórico por sí solos no suelen ser suficientes, a veces incluso pueden llegar a desincentivar la innovación. Pero entonces, ¿cómo sabemos realmente si un programa social está siendo efectivo? Como en todas las ciencias, por ejemplo la medicina, la experimentación es un elemento clave para asegurar la viabilidad de un proyecto. Pero, ¿acaso lo hacemos en política?

Los desafíos del mañana

En el Siglo XXI nos enfrentamos a retos que no necesariamente pueden responderse con medidas del pasado. Para adaptarse a las necesidades que exigen el cambio climático, la internacionalización de empresas y servicios o los cambios demográficos, la experiencia de unos cuantos políticos no parece que vaya a ser suficiente. Sin embargo, es sorprendente la cantidad de gobiernos en el mundo que aun hoy implementan programas a escala nacional guiados por la esperanza de que vayan a funcionar, sin estar realmente seguros de su efectividad. En vez de aceptar que no saben a ciencia cierta cuáles serán los impactos reales de sus políticas, prefieren asumir que van a funcionar. Pero como dijo un famoso economista, “las políticas públicas deben ser evaluadas por sus resultados, no por sus intenciones”.

La alternativa es clara, establecer experimentos piloto, evaluarlos usando una perspectiva basada en la evidencia de los resultados, y desarrollar a nivel de país aquellos programas que hayan dado los resultados esperados.

En terrenos tan importantes como el crecimiento sostenible y las políticas de innovación tecnológica, aún hay muy poca evidencia científica que nos permita tener conocimiento claro de qué camino seguir a la hora de modernizar un país. Para mejorar la eficacia de los servicios públicos, necesitamos datos contrastables de forma que los políticos no se dejen llevar tan fácilmente por los intereses de grupos de presión vinculados al tema. En definitiva, para que un país siga innovando con el objetivo de crecer económicamente de forma sostenible y amigable con su entorno, la experimentación es crucial.

Alguien podría decir que es un malgasto del dinero público perder el tiempo haciendo experimentos políticos. Yo creo que todavía es más irresponsable malgastar el dinero público implementando y manteniendo una política sin saber ni siquiera si está funcionando.

Hay varias formas y metodologías que pueden generar datos útiles, por eso hay países donde las políticas públicas basadas en la evidencia están empezando a desarrollarse con mayor éxito. Unos más centrados en el diseño y otros en la evaluación de impacto, pero sin duda son caras de la misma moneda. El Reino Unido lleva claramente la delantera, junto con otros países como Finlandia y Dinamarca. En Latinoamérica, Chile está desarrollando una cultura de experimentación envidiable. De hecho, algunas de las políticas más exitosas en el continente, como el programa PROSPERA en México, han surgido y evolucionado gracias a la evaluación y la experimentación.

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Más allá de la experiencia

Hoy en día la clave del éxito es que no existe una clave, no es una cuestión únicamente de experiencia sino de instinto y experimentación: Desarrollar programas piloto, analizar buenas prácticas, hacer evaluaciones de impacto, y compartir datos para que la sociedad civil pueda participar en un mejor desarrollo de las políticas. En realidad, los experimentos pueden ahorrar mucho dinero del contribuyente: Cancelando programas cuyos resultados no sean los deseados, aumentando aquellos que ofrezcan resultados positivos, y rediseñando los que puedan ser mejorados en base a la economía del comportamiento -como este reciente caso del Banco Mundial en Costa Rica sobre cómo aumentar el pago de impuestos de empresas informales-.

Además, hacer políticas públicas basadas en la evidencia también puede reducir las posibilidades de corrupción, mejorar la rendición de cuentas, generar nuevas ideas y crear políticas que se centran en el beneficio directo de los ciudadanos. Y no solamente benefician al país donde están siendo aplicadas, sino que generan una serie de externalidades positivas de forma que otros países pueden aprender y adaptar los programas exitosos.

Este cambio de mentalidad no solo tiene que llegar a los políticos sino también a los medios de comunicación, para no dejarse llevar por las ansias de los resultados rápidos y fáciles. No me malinterpreten, en solo un año de gobierno se pueden hacer grandes cosas -revisen algunos de los logros que Justin Trudeau, Primer Ministro de Canadá, consiguió tras cumplir su primer año de mandato-. Pero eso no significa que en un par de años todos los programas puedan ser puestos en marcha, además den resultados, y además sean exitosos.

En definitiva, ahora que Costa Rica va entrando poco a poco en campaña, valoremos al político que trate de ser innovador y esté dispuesto a poner al país a la vanguardia de la experimentación. Y desconfiemos de cualquier candidato, sea cual sea su ideología, que diga tener la solución mágica a todos los problemas del país sin haberlas probado antes. Por mucha experiencia o conocimientos que asegure tener.

Hugo Cuello

Politólogo y consultor madrileño asentado en Costa Rica.

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