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Nuestra propia platina

Uno de mis pasatiempos favoritos es levantarme en las mañanas a enterarme del reporte del tráfico en San José.

Es un verdadero placer saber que uno no está metido en ese calvario. Como dirían los alemanes: schadenfreude.

Esto solo dura hasta que el CONAVI decide hacer una intromisión en mi maravillosa tierra sin presas.

A finales de noviembre del año pasado, justo en el momento donde la temporada alta empezaba a subir, decidieron arreglar la calle que va desde Liberia hasta Comunidad. Como todo lo vial en este país, un buen día simplemente todos los que vivimos en esta parte de Guana nos levantamos solo para ser estrellados contra el paredón de 19 kilómetros de desorganización, falta de sentido común y desastre.

En una ilógica metodología, cerraron las calles por el aeropuerto Daniel Oduber sin avisarle a nadie y optaron por utilizar turnos de 40 minutos para que circulara el tránsito de una dirección a otra. Sin importar en qué momento llegara usted a toparse la presa, lo mínimo que iba a esperar eran 40 minutos, porque la fila era tal, que el carril nunca iba a estar vacío.

El primer día del cierre, las presas fueron de magnitud astronómica. Hubo gente que duró hasta 5 horas llegando a su trabajo, miles de "gringos" perdieron sus vuelos, turistas que venían de tours, muchos con niños, empapados, llenos de sal y arena, quedaron atrapados en busetas sin saber qué ocurría, por qué y cuánto iban a durar pegajosos y con picazón. Choferes de busetas con sus clientes que venían de hacer tours a Nicaragua y que habían dormido pocas horas, no tuvieron más remedio que convertirse en psicólogos y pacientemente escuchar los gritos desmesurados de sus clientes. Si usted cree que a usted le molesta la presa, nada más imagínese lo que debe sentir un extranjero que paga más de $700 la noche en un hotel y que probablemente viene en su avión privado justamente para evitar hacer filas en aeropuertos.

Contrario a la mayoría de las presas en la GAM, en Guanacaste no hay rutas alternas. En el tramo entre Comunidad y Liberia no hay como irse "por dentro" o "agarrar circunvalación", esto sumado al hecho de que en Guanacaste todo queda lejos. El mismo problema se presenta no solo cuando arreglan la calle, si no también cuando hay uno de esos camioncitos de caña o un chapulín que acapara el único carril de esa dirección y crea presas abominables. La ruralidad de la zona es la bendición y la maldición.

Para martirio de los que vivimos aquí, nos enteramos por rumores, que los trabajos empezados iban a tener una duración de ¡4 meses!

Aproximadamente un mes después de que empezaron los trabajos, las quejas de los hoteleros, las empresas de turismo y transportistas eran tantas, que la Cámara de Turismo Guanacasteca tuvo que intervenir ante el CONAVI y el MOPT para cambiar el horario de trabajo de las reparaciones. Sin embargo, ya era un poco tarde, porque el grado de violencia y desesperación ya había tomado forma física a manera de rótulos en la vía al lado de la presa que decían algo así como "Conductor, no agreda al banderillero". Esto porque durante los primeros días, los muchachos de las banderitas, se vieron bombardeados por insultos, escupas, golpes y hasta amenazas de muerte.

Se llegó a un acuerdo de cambio de horario donde se acomodaba el asunto levemente trabajando cierto horario entre semana y otro en fines de semana, sólo para que 24 horas después, la presión del área de turismo fuera tanta, que finalmente adoptaron los horarios que se debieron de haber implementado desde un principio: de noche. En Guanacate, en temporada alta, no hay diferencia de día/hora. La gente viene de EEUU a casarse un martes a las 6:00 p.m. o, le piden a la novia que se case con ellos con "full" producción de ambiente y fotógrafos un jueves al amanecer. Están de vacaciones así que por supuesto que no tienen horario ¡para ellos todos los días son sábado!

El desastre no concluyó ahí. Por una de esas razones que sólo en la dimensión desconocida tienen sentido, decidieron arrancar los 19 kilómetros de asfalto todos de un sólo tiro a pesar de que podían trabajar únicamente en 100 metros. Así que una vez que usted pasaba la presa de 2 horas, se le abría el camino a una versión de la Tagada en chiquitico, pero que duraba unos 10 minutos y por el módico precio de los compensadores de su carro.

Como todo lo vial en este país, los arreglos no han terminado, pero al menos el mal estado de la calle sí se reparó. Yo volví a mi pasatiempo mañanero, por lo menos hasta que el CONAVI me vuelva a hacer sentir empatía por los chepeños.

Maricruz Miranda