Los hombres nacen con sus privilegios asegurados, y más cuando son burgueses, heterosexuales, católicos y blancos.

Antes de iniciar, deseo insistir en el carácter inacabado de la lucha por la igualdad y la equidad entre géneros; debido a que este elemento se torna esencial durante la discusión generadora de este artículo. Y deseo resaltar que con “inacabado”, no manifiesto que es imposible, sino al contrario, es posible y todavía se deben realizar muchas acciones para lograrlo.

Si bien es cierto la mayoría de los movimientos sociales traen consigo la resistencia de un sector hegemónico (no todos los movimientos sociales se pueden considerar como subversivos), existen algunos que provocan más roces. El feminismo corresponde a uno de estos movimientos que originan una serie de diversas pugnas dentro de la sociedad. Y claro, el sistema patriarcal es un modelo de organización que determina el ámbito social, político, cultural y económico; por lo tanto oponerse a este representa una amenaza para quienes se encuentran en las posiciones de privilegio, validándolas con argumentos escuetos.

¿Por qué se llama feminismo y no igualismo?” Este es uno de los argumentos que me han expresado en reiteradas ocasiones. Yo lo que escucho es a una persona que legitima la lógica androcéntrica, en donde el hombre debe ser el centro de todo. Por lo tanto, un movimiento que surja desde y para las mujeres, significa un espacio en donde los hombres no pueden ser protagonistas, lo cual claramente, lastima egos. Para mí, el movimiento feminista sí posee “espacio” para hombres, pero hombres que deseen comprometerse con la lucha, y a su vez, deconstruyan las masculinidades hegemónicas y sus efectos tóxicos. En mi caso, me encuentro más interesado en hacer feminista el “espacio/rol” que desempeño en diferentes escenarios sociales; creo que eso tiene más incidencia positiva.

“Las mujeres tienen los mismos derechos que los hombres, el feminismo ya no es necesario”, es otro de los argumentos que he escuchado. Si esto fuera cierto, las mujeres ganarían el mismo salario que los hombres, sin embargo, la brecha salarial entre ambos sexos se mantiene en el 28%, es decir, las mujeres con las exactas cualidades y habilidades, realizando las mimas labores reciben menor remuneración económica que los hombres ¿Aun así me van a decir que no es necesario seguir hablando de estos temas?

Igualmente, si lo anterior fuese una afirmación certera, las mujeres dejarían de ser asesinadas simplemente por su condición sexo-genérica, es decir, por ser mujeres. Y no, no es un crimen pasional; “la pasión no mata”, el machismo sí lo hace. No obstante, los medios de comunicación intentan maquillar los femicidios, porque hablar de estos temas siempre ocasiona “polémica”, la cual es fundamental para visibilizar la desigualdad que sigue imperante.

Los hombres nacen con sus privilegios asegurados, y más cuando son burgueses, heterosexuales, católicos y blancos. Mientras que las mujeres desde que nacen se enfrentan a un proceso de discriminación constante, el cual se agrava cuando se interseca con otros factores de exclusión. Mientras nosotros construimos el miedo en función de ser asaltados, el temor de ellas se construye en relación a las violaciones y asesinatos.

Actualmente, Guatemala llora la muerte de más de 30 niñas que se encontraban en un albergue. Y antes de que digan que este no representa un caso en donde el género es un factor influyente se debe mencionar que estas niñas se encontraban protestando, un acto de resistencia que es rechazado por quienes ejercen el poder, y además un acto que es prohibido para las mujeres. Una mujer que reclama y defiende sus derechos es una amenaza para el sistema, por lo tanto se realizan todos los esfuerzos para ser silenciada, incluso apagando su voz por completo.

Hace unos días recibí un comentario de un contacto en Facebook en el cual me decía que el feminismo era un cáncer. Tengo que admitir que pensé cada palabra antes de responderle. Fue un ejemplo concreto de cómo uno se puede apropiar del insulto. Y sí, tiene razón, el feminismo representa el cáncer para el sistema patriarcal, pues intenta destruirlo. Intenta arrancar esa estructura enraizada que se mete en todas partes. Esa estructura que legitima el acoso sexual callejero, que culpabiliza a las mujeres porque sus fotos íntimas son compartidas sin autorización, que impone la maternidad de manera forzosa y obligatoria; solamente por mencionar algunos ejemplos.

Por último, mientras sigan existiendo femicidios en cualquier parte del mundo, mientras mujeres sufran cualquier manifestación de violencia basada en género. Mientras las mujeres deban comprobar que son aptas para un trabajo con más efusividad que los hombres, mientras la brecha salarial entre géneros no se elimine. Mientras el mayor miedo de las mujeres al salir de noche sea una violación sexual y mientras el cuerpo de las mujeres sea de opinión pública; el feminismo representará ese “cáncer” reprochado por el machismo, ese cáncer que algunos y algunas intentamos posicionar en todos los espacios. El mismo cáncer que me instó a escribir este artículo.

Keylor Robles Murillo

Trabajador social por formación y ñoño por vocación.

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