Sign in / Join

Feliz cumpleaños, don Beto

A casi 3 años de su muerte su legado continúa haciendo eco.

Hoy —cuando opinar de forma oportuna y sagaz es urgente— es justo recordar a quien formó a cientos de alumnos en distintas aulas de forma particular e irrepetible. Alberto Cañas Escalante (1920-2014), escritor, periodista, político, abogado y diplomático, sabía cómo educar y formar profesionales críticos.

Podríamos hacer un amplio despliegue de su extensa hoja de vida, pero eso nos llevaría unas cuantas horas... incluso si presentáramos un intenso resumen. A pesar de sus múltiples aportes a la patria y de sus cuantiosos logros a nivel personal y profesional hay quienes le recuerdan sobre todo por sus salidas y ocurrencias... Para muchos don Alberto fue —especialmente en sus últimos años— un necesario cascarrabias que se dejó decir, por ejemplo, que la Asamblea Legislativa había sido asediada por la “gradería de sol”. Hoy, si estuviera vivo, seguramente diría que esa gradería ya extendió su presencia a otros lugares.

Cañas fue un asiduo aprendiz en cualquiera de sus áreas de acción —procuraba constantemente actualizar su conocimiento— pero curiosamente se negó a desaprender en dos de sus pasiones; el cine y el teatro. En el primero la ficción dibujada le desalentaba y en el segundo decía que la magia poética había sido espantada por directores que hacían lo que les daba la gana, según consta en entrevistas ofrecidas a La Nación y El Financiero. Como sea, si hubiese que destacar un área específica en la que estuvo inmerso investigando, aportando y aprendiendo hasta el último día de su vida fue en en el periodismo. Quizá esa, su faceta de periodista, es la más reconocida por los costarricenses. 

Su trabajo fue premiado y reconocido en distintas ocasiones. En sus estantes descansa el Premio Magón, el García Monge y varios Aquileo Echeverría. También obtuvo a lo largo de su carrera distintos reconocimientos internacionales, recordemos que fue embajador de Costa Rica ante la ONU (1948-1949, durante la redacción de la Declaración Universal de los Derechos Humanos) y que fue el primer ministro de Cultura del país (1970). Llevó, además, la batuta de medios informativos nacionales y de opinión a los que engalanó con su pluma por muchísimos años. 

Tras su fallecimiento, en 2014, la periodista Any Pérez, le recordó con cariño y respeto en La Nación:

Del maestro, aprendí que el periodismo es contextual, que debemos esforzarnos por conocerlo todo sobre el terreno, y que cualquiera podía ser entrenado en manejar “aparatos”, como nos decía, pero que se necesitaba mucho estudio para ejercer con dignidad la principal tarea de un periodista: saber pensar

Don Beto fue pieza fundamental y pilar para el gremio, su conocimiento en el área de la comunicación era basto y no se limitaba a Costa Rica. Sin embargo, según comentan sus alumnos —y la propia Any Perez en su artículoles pedía constantemente que conocieran cada rincón de su propio país. Esto con el fin de alcanzar una visión amplia que les ayudara siempre a contextualizar cada noticia que afectara a Costa Rica.

Su legado es tan basto que va más allá del periodismo y se extiende a la literatura. Su amor por las letras lo llevó a escribir cuentos, obras teatrales e incluso a preparar sus lecciones con apasionados escritos. Para quienes le trataron de cerca Cañas fue un libro abierto, transparente, que decía todo tal cual. Según él mismo afirmaba sólo perdía la paciencia ante la estupidez. ¡Así de directas y claras eran sus salidas!

Su hermana le enseñó a leer a sus tres años y lo siguió haciendo hasta los 94, de manera voraz, continua y crítica. Un día como hoy, “don Beto”, como nos referimos a él desde siempre, estaría cumpliendo tres años más de lectura, escritura y enseñanza. Un día como hoy le recordamos y le agradecemos: de sus lecciones seguimos aprendiendo.

Fotografía: R. Azofeifa, comunicado de prensa, Teatro Nacional.

Dionella Burgos