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¿Matar a Maduro?

Muchos dirán "¿por qué no?...".

Matar a Maduro, seguramente, podría ser un trending topic en la mente de muchos venezolanos y ciudadanos del mundo al día de hoy.

Las razones van desde su comprobado mamertismo hasta sus convicciones más sucias. Seguramente, si de impopularidad habláramos, el sucesor de Hugo Chávez puede ocupar los primeros puestos en la sociedad occidental.

Lo anterior genera la sensación de que, incluso en la guerra mediática, el oficialismo en Venezuela pierde cada vez más terreno y hace de panteonero sobre su propia tumba en cada medida desesperada que toma.

Lo sucedido en las últimas horas ya no nos transporta a la incertidumbre, sino que devela con suma claridad la insostenibilidad que muestra la fraccionada sociedad del país sudamericano y, al mismo tiempo, deja claro que el ciclo de la "revolución bolivariana" está finalizando por default.

Pero, ese denominado default, nunca trae consigo un espíritu de serenidad, más bien empieza a arder con furor en la peligrosa hoguera de la manipulación, ignorancia y apuro, de la incompetencia, y el cinismo de llevar a cabo cualquier acción con el afán de conservar una liebre que ya de por sí saltó.

Sin embargo, matar a Maduro difícilmente solucionará todos los males, porque con él no muere el entramado de intereses que tiene envuelta a Venezuela. No cabe duda que sería una irresponsabilidad mayor que traería consecuencias todavía más profundas y dolorosas que serían incluso, arriesgadas de mencionar.

Venezuela merece una salida que escape a la especulación, a la sed de poder y sobre todo a la violencia, aspectos que tanto la izquierda como la derecha no han podido eludir desde la constitución de 1947.

Adriano Ramírez Jerez