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Lecciones de historia

El razonamiento es de una simpleza aterradora.

No es necesario convencer a nadie de que la injusticia y la desigualdad son odiosas, y que la miseria de la gran mayoría y la opulencia de unos pocos resulta aborrecible y ofensiva. El propósito de la revolución, de las revoluciones, es poner fin a esta situación odiosa y establecer el Reino de la Justicia.  Por tanto, cualquier persona, movimiento o idea que se oponga a la revolución, a las revoluciones, se opone a la Justicia y solo puede tener como propósito preservar el odioso régimen de opresión y privilegios vigente. Y el corolario, más peligroso aún: todo está justificado en nombre del bien supremo que es la Justicia encarnada en la revolución, en las revoluciones: arbitrariedad, destierro, muerte, conculcación de los derechos de quienes disienten o no comulgan con la Causa, etc., etc.

Cada tanto escucho a uno de estos revolucionarios llamando a los poderosos, con irónico desdén, a aprender las lecciones de la historia. A propósito de lo que ocurre en Venezuela, a algunos les doy el mismo consejo y les recomiendo recordar Europa, 1989.

Rodrigo Soto