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Pan y circo para el pueblo

La política es emocional porque las personas somos emocionales, y la política no es otra cosa que las relaciones entre personas; en fin...

La política partidaria, que es una de las tantas formas de hacer política, no escapa de esta realidad; incluso me atrevería a decir que esta componente emocional se acentúa aún más cuando se trata de política partidaria, elecciones presidenciales y el tergiversado concepto de "democracia". En esto último digo tergiversado, porque si actualmente escuchamos la palabra democracia, la asociamos exclusivamente con una de sus variantes: la representativa, lo cual invisibiliza a su hermana mayor: la democracia directa. Pero bueno, aunque sería emocionante abordar todo este rollo de la democracia, habrá que dejarlo para otra ocasión, ahora mismo quisiera concentrarme en la política partidaria; más específicamente, en las elecciones presidenciales de Costa Rica.

Mucho se habla de propuestas, planes de gobierno, experiencia, datos y estadísticas de los diferentes partidos políticos y sus candidatos (todos hombres, por cierto, pero este temita también lo dejamos ahí para analizarlo luego)... sin embargo, cuando se hace una pausa para observar las distintas dinámicas electorales, las campañas publicitarias -eh, perdón, políticas- y las estrategias de los diferentes partidos, es inevitable notar que siempre se pone el énfasis en apelar a la parte emocional del votante. En resumen: demagogia, populismos, reduccionismos, apariencias y carisma a la orden del día.

En este simpático juego de sonrisas y guiños para el electorado, así como de ataques dramáticos y exagerados para los adversarios, hay unas cuántas jugadas favoritas que he ido identificando con el pasar del tiempo y que a continuación serán nombradas, clasificadas y repasadas.

1) El amigo del pueblo

La vieja y por vieja confiable. No hay nada como venderse a sí mismo como el mae más "piso'e'tierra" que existe; un carajo humilde y simpático, sencillo, que se identifica con los problemas que aquejan día a día al ciudadano "de a pie", y que intenta pintarse como político no tradicional.

Eso sí, no me malinterpreten, claro está que de vez en cuando aparece una persona que no necesita fingir, pues es genuinamente humilde y sencilla -doble puntaje si es carismática- … Pero esto simplemente se traducirá en una cosa: que su equipo de campaña explotará al máximo esta condición para que no quede la más mínima duda, en toda Costa Rica, de la majestuosa humildad y escandalosa sencillez del candidato.

2) El Dios del Olimpo

Nunca falta el mae que se vende a sí mismo como la reencarnación de Einstein, Aristóteles, Isaac Newton, Galileo, Mozart, Darwin y Abraham Lincoln todos - de nuevo hombres - juntos. Y que además, impulsado por su profundo -aunque recién descubierto- "deber moral", siente la irrenunciable necesidad de salvarnos a todos nosotros -simples e ingenuos mortales- de nosotros mismos; pues de no ser por él -poseedor del conocimiento místico científico universal-, nuestra infinita estupidez será nuestra propia ruina.

Nadie es mejor que él y tacha a todos sus rivales de -en el mejor de los casos- inexpertos, por no decir otra serie de pintorescos y prepotentes descalificativos.

3) El menos malo

A esta jugada se le conoce también como "El Fishman". Se trata básicamente de generar una conexión con las y los votantes a través de un discurso aparentemente sincero, pues describe la naturaleza político-partidaria como deshonesta y corrupta (lo cual coincide con la percepción anidada en el imaginario colectivo de la misma). Luego, habiéndose ganado la confianza del elector al decirle abiertamente una verdad que quería escuchar, procede a presentarse a sí mismo como la menos mala de las opciones existentes.

¿Es arriesgado? Pues sí, requiere de bastantes agallas llevar a cabo un "Fishman" y salir victorioso. Hasta la fecha lo más que se ha logrado con su implementación ha sido una curul en la Asamblea Legislativa y el magnánimo aplauso de un público incrédulo que seguía cuestionándose la exitosa ejecución de tal faena.

Esta jugada no es recomendable para principiantes.

4) El populista de derecha

Esta jugada se está poniendo de moda. Poco a poco "El populista de derecha" se consolida como una de las jugadas favoritas de quienes practican este hermoso deporte. Su popularidad radica en su fácil ejecución, pues hasta un chimpancé entrenado podría aprender a efectuar esta sencilla movida.

La idea es muy simple: apelar al miedo de las personas. Xenofobia, homofobia, aporofobia, aracnofobia; usted sólo hágale creer a las personas que absolutamente todos sus problemas son causados por inmigrantes, por personas de diferente orientación sexual, por pobres, por arañas o por cualquier otro grupo con escaso poder político, económico o social… Aunque su argumento carezca de cualquier sustento lógico, será efectivo siempre y cuando logre conectar con algún temor socioculturalmente aceptado por sectores considerablemente grandes de la población, y además lo acompañe con una solución ficticia, nunca de fondo y siempre violenta: prenderles fuego, echarlos del país, matarlos, encarcelarlos...

Ahorita se me vienen a la cabeza dos nombres que calzan perfecto con esta descripción, y creo que usted sabe muy bien a quiénes me refiero.

5) El populista de izquierda

“¡Arriba los de abajo! ¡Abajo los de arriba!”

Por supuesto que las ideas de izquierda suelen ser populares entre las clases -valga la redundancia- populares. Ahora bien, la anterior afirmación cobra veracidad sólo en la medida en que se logra explicar detalladamente lo que significan esas ideas de izquierda. Superados los estigmas clásicos (como ser tachadas de "tontas" o “peligrosas”), las ideologías de izquierda le resultan justificadamente atractivas a una vasta mayoría de gente, pues apelan a conceptos muy nobles como la solidaridad, la ayuda mutua y la compasión.

Sin embargo, habiendo dicho esto, es también cierto que una práctica bastante común y lamentable en la izquierda tradicional, consiste en acudir a “abusos ideológicos” que rayan en la demagogia absurda, propagandística y electorera. Esto significa que muchas veces se sobre-simplifican ideas y las vacían de contenido, con tal de poder estrujarlas en simpáticos panfletitos.

El populista de izquierda suele ser experto en identificar los verdaderos problemas que afligen a la sociedad, pero se desgasta tanto recalcando dichos problemas, que se le olvida dedicar tiempo a elaborar soluciones de largo plazo, por lo cual termina inevitablemente reproduciendo ocurrencias insostenibles.

6) El candidato balanceado "de centro"

"Ningún extremo es bueno". "No soy de izquierda ni de derecha". "No soy de aquí, ni soy de allá; no tengo edad, ni porvenir". Típico. Un mae que apoya los Derechos Humanos pero le quiere recetar impuestos a la clase media porque la clase alta no paga y, pues, "hay que ser realista". Evita la polémica a toda costa. Le tiene miedo a cualquier posición difícil. Se dedica a calcular con milimétrica precisión qué decir, cómo decirlo, cuándo decirlo, dónde decirlo y a quién decirlo; pero nunca sabremos cuál es su verdadera posición al respecto, pues no tiene. Sus acciones y discursos tienen como único objetivo conseguir la mayor cantidad de votos posibles, por lo tanto está basado más en estudios de opinión que en estudios técnicos o ideologías sociales, económicas o políticas.

En fin, un camaleón que como bien cantara Victor Jara, "no es chicha ni limonada".

Ahora sí, viene la parte divertida...

Póngale usted, estimable lector o lectora, el nombre y apellidos del candidato de su preferencia a estas jugadas. Y no se preocupe, no se limite a una sola jugada por candidato; al contrario, siéntase libre de armar variadas y exóticas combinaciones. De ser necesario, invéntese usted sus propias jugadas, con nuevos y más creativos nombres para las mismas.

Yo de momento me despido, se me hace tarde para ver la función…

¡Que comiencen los juegos!

¡Pan y circo para el pueblo!