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Realidad vigente: acierto o desafío

Las acciones del pueblo han contribuido en una parte esencial de la historia; el cinismo y la opresión se han debilitado, la democracia se nutre lento y la conciencia colectiva construye un sentimiento de lucha y superación.

La confianza es quebrantada por la conformidad

Costa Rica día a día busca un mayor desarrollo político, económico y social. El Estado se preocupa por fortalecer la democracia con la promoción de la igualdad de oportunidades, la libertad de expresión y el mejoramiento de la convivencia. ¿Ha sido efectivo el proceso? ¿Se ha puesto la atención necesaria?

La población costarricense cada vez se esparce más en el desinterés. Se ha desvalorado el esfuerzo puesto en práctica para el bien común.

Al ser un país tan pequeño, las diferentes problemáticas se concentran en ciertos puntos geográficos o grupos poblacionales. No es posible que sea más importante la situación de “mi amigo de San José” que la de “mi amiga de la región Brunca”. No se puede ubicar la opinión de un empresario o empresaria por encima de la de un o una estudiante solo porque sí. ¿Dónde queda el Estado Solidario? ¿Dónde queda la igualdad de condiciones y de oportunidades?

Vivimos en un país donde la corrupción tiene pase de primera fila en las decisiones, donde la argolla te mantiene estable, donde sólo unos “la viven bonito” y los demás la pulsean desde la mañana hasta la noche. Lo más triste es que “eso” no queda ahí. Mientras todo esto sucede, muchos solo miran sin actuar; quizá por no saber qué decir o por miedo, quizá porque a ellos o ellas no les afecta y hasta les beneficia, o quizá tan sólo porque “qué pereza”.

Se olvida todo ese esfuerzo con el cual grandes personas, en condiciones muy distintas a las actuales, construyeron el país que somos y los beneficios que gozamos. Que no nos defina la envidia. Que no nos limite la impotencia y la falta de creatividad y propuesta. Cada uno tiene la libertad y el poder de hacer algo por el país, de generar cambio o de fomentarlo.

Costa Rica no está bien, pero tampoco ha tocado fondo. Muchas instituciones e iniciativas han fortalecido la cultura del país en varios ámbitos; la economía ha ido mejorando, el sector político es inestable en bastantes casos, pero en otros no. Lo que hace falta es actuar; hechos, no palabras.

Pero, ¿cómo actuar si no estamos bien informados? Se nos comunica lo que algunos medios quieren que sepamos, y lo creemos. Nos llenan de información vacía y sin importancia para cubrir las terribles realidades que suceden. Tan solo algunas personas se interesan verdaderamente por lo que ocurre en el país, ya sean cambios, tratos, regulaciones, etc. Kierkegaard decía que la verdad suele estar del lado de las minorías, porque son las minorías las que realmente se informan para enriquecer su opinión. La masa, por el contrario, actúa como una pandilla que reacciona en automático sin profundizar en la discusión del tema que le “apasiona”. Nos dejamos llevar por lo que nos dicen, que todo está bien y que tan sólo esperemos que el gobierno haga algo, algún día.

Roles de género desafiando al progreso

En el ámbito de la inclusión y la equidad de género nos falta mucho. No se puede afirmar con plenitud que la mujer tiene igualdad de condiciones y puede hacer exactamente lo mismo que un hombre en cualquier instancia. Vivimos en una sociedad que enseña a las mujeres a cuidarse de no ser violadas en vez de enseñar a los hombres a no violar. En donde una institución no basta para acabar con la misma problemática de hace años, esa que mortifica y se estanca. La condición de una población tan grande de mujeres marginadas y luchadoras, las oprime, las intenta acostumbrar a que es así y nada más.

¿Cómo pretendemos avanzar en una sociedad donde el patriarcado sigue intacto? La conciencia, solidaridad, cortesía y sensibilidad son pilares imprescindibles que debemos acoger. El país requiere un cambio grande, que empieza por cada uno. Educación, seguridad, trabajo, salud, vivienda; enfocar la mirada en esto y empezar de lleno. El Estado no puede manejar a la perfección todas estas áreas si no ponemos de nuestra parte, si no hay un trabajo en conjunto. Si no hay interés.

Un nacionalismo inconsciente no construye, de ninguna manera, una cultura crítica. Debemos estar orgullosos de nuestro pasado histórico, tener un gran aprecio por la democracia y la paz, y valorar que vivimos en un país que aún tiene mucho para dar. Existen instituciones, proyectos e iniciativas que requieren del apoyo del pueblo, ya que es el ente con mayor poder en la sociedad. Pero se necesita un pueblo enfocado en el contexto, decente, emprendedor, valiente, informado, y lo más importante: un pueblo con ansias de progreso.

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José Andrés Céspedes