A menudo hablamos sobre nuestra cultura, ¿pero qué es en realidad? ¿Y qué la compone? Jorge Soto nos expone su visión al respecto.

xinhuanet.com

A menudo escuchamos la palabra ‘cultura’: la usamos casi todos nuestros días, ya sea en ofensas, discusiones, conversaciones de café (o bar, en su caso), o solo para hablar por hablar ¿Se ha preguntado qué significa la palabra? Pues, empezamos por ahí. El Oxford Living Dictionaries le da dos definiciones: 1. “Conjunto de conocimientos e ideas no especializados adquiridos gracias al desarrollo de las facultades intelectuales, mediante la lectura, el estudio y el trabajo”. 2. “Conjunto de conocimientos, ideas, tradiciones y costumbres que caracterizan a un pueblo, a una clase social, a una época, etc…”. Bien, ya que sabemos lo que significa la palabra, podemos proceder.

La cultura ha sido históricamente una de las formas más comunes de justificar acciones de todo tipo (machismo, xenofobia, homofobia, entre otras). Son casos en que se concibe a esta casi como algo aislado, sin tomar en cuenta que la cultura es toda una composición de procesos sociales, económicos e históricos. La cultura actual es una herencia de la que tuvimos en el pasado y los procesos que esta sufrió. Una sociedad no es menos machista, racista, hipócrita o atroz por el hecho de que estos aspectos sean parte de su cultura. La cultura puede ser una maravilla que nos lleve a la paz social o un arma que nos lleve al declive.

Desde una perspectiva en que la cultura es algo aislado y además estático, se usa a esta como una justificación para la xenofobia de una manera directa y clara. Resulta absurdo que, en naciones formadas tras la interacción de diversos pueblos, etnias y evidentemente culturas, se considere que las personas que vienen de otros países deben ajustarse a nuestra forma de ser: creencias, dogmas y prácticas de este tipo. No valoramos que la cultura está en constante transformación, se enriquece y nuestra interacción con otros individuos de otras realidades son parte fundamental de su desarrollo.

En el contexto actual es claro que tendremos (y ya tenemos) expresiones de xenofobia y nacionalismo sumamente fuertes. Los conflictos en todo América Latina (en Honduras y Nicaragua como casos muy cercanos) y el mundo (Siria y Palestina como casos muy conocidos) producen olas masivas de inmigraciones, considerados como una amenaza a nuestra cultura y tradición: discursos de odio cada vez más presentes en sociedades, como la alemana — donde la ultraderecha es tercera fuerza en el parlamento — y la francesa, donde Marine Le Pen alcanzó el segundo lugar en las últimas elecciones presidenciales. Son realidades que se vislumbran no muy lejanas a la nuestra.

Lo más interesante es el poner especial interés en casos de cambio cultural como los producidos por las inmigraciones e interacción con otras sociedades, mientras se ignoran las mutaciones (casi rozando las revoluciones solapadas) culturales vividas en las últimas décadas. Las recientes transformaciones más claras de nuestra sociedad llegaron a nosotros por medio de los Programas de Ajuste Estructural, los tratados de libre comercio y los procesos capitalistas que fueron promovidos. Un ejemplo sencillo es el de la cultura del mall como máximo centro de atracción en las zonas centrales del país, mientras las zonas periféricas a duras penas intentan copiar dicho modelo.

Tras estas transformaciones, no vivimos un cambio progresivo de nuestra cultura, ni una interacción con las sociedades capitalistas. Aspectos no funcionales de nuestra cultura al sistema capitalista fueron cortados de raíz, para implantar copias fracasadas de lo visto y puesto en práctica en sociedades como la estadounidense. Esto sucede de la mano con la transformación económica y poco a poco, se dan los cambios en las demás estructuras.

En este momento hago una pausa. Puede que usted sin haberlo notado haya caído ya en un vicio de la cultura de una parte de la población: al leer Oxford Living Dictionaries tal vez ya haya asumido que se trataba sin duda de definiciones correctas sin que lo fueran necesariamente. Pues este no es el caso, porque se trata de un artículo serio, son definiciones correctas, etc. Pero las cada vez más comunes fake news se propagan por una mala costumbre de no leer ni buscar información fidedigna. 

No hemos abordado otra concepción de la cultura como adultocentrista, elitista, discriminatoria y centralista. No se toman en cuenta los grupos sociales existentes en nuestra sociedad, con su propia cultura y tradición. Se considera que la cultura se lleva a los pueblos y no que estos pueden crear y desarrollar su propio arte, tradición, léxico, costumbres, etc. Los promotores de esta idea (y los que la ponen en práctica) no hacen más que poner un obstáculo al desarrollo de la cultura y además, dejarla en los palacios de una minoría poderosa, lejos de los barrios y los pueblos.

El arte, el lenguaje (en todas sus formas), las tradiciones, costumbres, valores, en fin: todo lo que conforma la cultura es de todos y todas, con y para todos y todas. Esta se encuentra en constante cambio, enriquecimiento, interacción y sobre todo, es abierta; cualquier persona la acoge, la hace suya. Se encuentra en las calles, las paradas, estaciones, bares, sodas, residenciales, precarios, iglesias, plazas, parques y más, no solo en los teatros, universidades o bibliotecas. Una cultura machista, xenofóbica, violenta, discriminatoria y desigual camina a la decadencia y declive. No lo digo yo, lo dice la historia.

Jorge Soto

Estudiante de Derecho en la UCR-SO. Activista cultural y social, miembro de organizaciones juveniles y representante ante el CCPJ de Esparza.

Comments

comments

Deja tu comentario...