Respuesta al editorial que publicó La Nación titulado: “Editorial: Una Huelga contra todos”

Imagen alusiva al papel de las huelgas en nuestro país. Se lee en la pancarta “Viva la huelga. Sigamos adelante. Unidos venceremos”. La Huelga es la Bananera de 1934.

Que La Nación tenga una línea editorial pro-empresarial es un hecho innegable, muy pocas personas podrían poner en cuestión. Por este motivo, quien escribe hace años perdió la capacidad de sorpresa ante el hecho de encontrar en ese diario los más nefastos posicionamientos con respecto a las diversas coyunturas que agudizan las profundas divisiones de la sociedad costarricense. No obstante, el editorial “Una huelga contra todos” (que presumo escrito por la editorial de Grupo Nación) publicado este fin de semana, en el preámbulo de la gran movilización contra la reforma fiscal que acontecerá a partir de este lunes, hizo que recordara cómo era la vida antes de perder la capacidad de sorpresa ya mencionada.

No me referiré a la cantidad de frases propagandísticas y lugares comunes que, en lugar de aportar a la discusión, la entorpecen, sino a la “carne” del escrito. Señalar, en primer lugar, que el sector sindical “presta oídos sordos a la crisis fiscal” es una mentira gruesa, de hecho APSE desde hace días presentó un pliego extenso de propuestas para resolver el problema de manera progresiva, tanto a corto como a mediano y largo plazo: medidas encaminadas a fortalecer la recaudación vía impuesto sobre la renta, gravar ganancias de capital, congelar salarios de lujo en el sector público por dos años, congelar las pensiones de ex-presidentes, inclusión del empleo junto con el control de la inflación como meta del Banco Central, etc. Por cierto, hay un par de medidas contra la evasión que seguramente a La Nación no le harán mucha gracia. 

Segundo, menciona el Editorial la desconcertante conjunción de torpeza y malas intenciones que puede ocasionar movilizarse contra una reforma en la que “sectores productivos y trabajadores privados asumirán las mayores cuotas de sacrificio”. Más allá de incluir al empresariado y a las personas trabajadoras del sector privado en el mismo nivel de victimización, como si fueran fracciones de clase cuyas características las hiciera verse afectadas por la reforma de igual modo, el fondo de la afirmación es engañoso. Mientras a las rentas más altas del país (sector exportador, sector financiero, zonas francas, entre otros) no se les grava directamente, sino que se les exonera explícitamente, sí grava la canasta básica que ya de por sí más de 300.000 personas en este país no pueden comprar con sus ingresos, según el INEC; y a los que sí pueden, tendrán que destinar mayor proporción de sus ingresos conforme más bajo sea el quintil por ingresos en el que se ubiquen, como bien señaló el IICE de la UCR. Así las cosas, ese “sector productivo” del que habla el editorial no se vería de ninguna manera más afectado que todos los demás por concepto de los impuestos presentes en el proyecto de ley; de tal manera que su afirmación solo adquiere sentido -y a medias- si suponemos que las personas trabajadoras del sector privado son precisamente esos sectores más golpeados por el IVA a la canasta básica y demás base imponible.

Cuadro 1. Población cuyos ingresos son inferiores al costo de la canasta básica, según el INEC.

Por otra parte, entre todo lo tragicómico de su editorial, rescato su coherencia al afirmar primero que el Gobierno tiene la obligación de garantizar el derecho constitucional a la manifestación pacífica, para luego rematar el texto afirmando que se debe declarar la ilegalidad de la misma para que se descuente del salario a quienes ejerzan ese derecho (maravillosa actitud democrática la de La Nación. Y ni qué decir de su “se requiere firmeza frente al chantaje”… La Nación… hablando de chantaje… en fin.

En mi vida tengo una máxima que nunca me ha fallado: de lo que diga La Nación, lo contrario. Y esta coyuntura no ha sido la excepción. En las calles estaré, apelando a mi “sentido del deber ciudadano”, palabras de Armando González, Director del medio La Nación. 

Alejandro Molina

Estudiante de Ciencias Políticas, interesado en la historia y la política económica

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