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Dos reflexiones sobre Andrei Tarkovski

Una invitación a acercarse a la obra de uno de los grandes maestros del sétimo arte.

"Todo el tiempo estoy en la cama sin sentarme, y me cuesta caminar. Dolor en la espalda y en la cadera (nervios). Las piernas no se me mueven. León no entiende por qué me duele aquí. Yo pienso que es la antigua ciática, que se ha agravado con la quimioterapia. Me hace quimioterapia. Los dos brazos me duelen mucho. Como una especie de neuralgia. Me han salido unos bultos. Estoy muy débil. ¿Me moriré?

Hay una posibilidad: ir al hospital y estar bajo la supervisión del médico que me trató en Sarcelles.

¿Hamlet?

Si ahora me pudiera liberar: 1. del dolor de espalda, y después 2. de los brazos, se podría hablar de volver a crear después de la quimioterapia. Pero ahora no tengo fuerzas para volver. Este es el problema.

El negativo, cortado por muchas partes al azar, y no sé por qué…"[1]

 

La primera toma de Ivanovo detstvo (La infancia de Iván, 1962), el niño se encuentra al lado del árbol joven.

La primera toma de Ivanovo detstvo (La infancia de Iván, 1962), el niño se encuentra al lado del árbol joven.

Fechada a 15 de diciembre de 1986, esta es la última carta escrita por Andrei Tarkovski en sus diarios, que serían publicados de forma póstuma. Hiere leer la sensibilidad y la angustia con que expresa su dolor, también siente la muerte rondar, pero lo más asombroso a pesar del momento que vive, es que sigue pensando en escribir y filmar, Hamlet, una de las tantas ideas que quedaron únicamente en eso, ideas.

Soy una persona muy básica, por lo cual, siempre me ha parecido extraordinario admirar a una persona tan lejos de nuestra realidad, que tiene más años de fallecido que yo de vivir. Andrei Tarkovski murió entre la noche y la madrugada del 28 al 29 de diciembre de 1986, hace 30 años. Su vida terminaba tres años antes de mi nacimiento, aun así, su huella es tan marcada que continúa tan vigente como el día en que comenzó a hacerse un nombre en la industria fílmica.

Entre tanto que se puede escribir sobre este realizador, realizaré un esbozo sobre dos puntos que me parecen importantes, y que no han sido tan estudiados.

El abordaje de su filmografía

Para muchos cinéfilos su nombre es sinónimo de temor, Tarkovski se aleja de otros cineastas porque su narrativa puede resultar más difícil de apreciar, comparándolo con otros maestros como Stanley Kubrick o Akira Kurosawa, por poner dos ejemplos. De todos sus largometrajes, considero a su ópera prima, Ivanovo detstvo (La infancia de Iván, 1962) y su último film, Offret (Sacrificio, 1986) sus trabajos más accesibles, los cuales recomendaría para iniciar con este realizador.

(Esto, claramente sin contar sus cortometrajes).

No es mi intención señalar únicamente recomendaciones o hacer un resumen del universo fílmico del director, el artículo va más en la idea de perderle el miedo a su cine, en pensar sus películas. Se debe tomar un ejercicio activo como espectador, trabajar conceptos, desarrollar ideas, leer, repetirlas. Pero ojo, no se debe caer en el groso error de tratar de “entender” lo que se ve, no, es darle nuestro significado, en base a lo que hemos captado y estudiado.

Esta idea ni siquiera busca enmarcarse en un pensamiento concreto al respecto de los filmes, va más allá de eso, como menciona Tejeda:

...el espectador, como receptor, debe dejar transportarse por sus sentidos, sus emociones. Al fin y al cabo, es el que termina de <hacer> la película.[2]

Entonces se debe cambiar el chip y construir mentalmente, ser parte activa y saber a lo que se va, no es cine desechable, requiere tiempo.

Bibi Andersson y Liv Ullmann, coprotagonistas de Persona (1966) de Ingmar Bergman.

Bibi Andersson y Liv Ullmann, coprotagonistas de Persona (1966) de Ingmar Bergman.

Él mismo aplicó este ejercicio, refiriéndose a otro maestro, Ingmar Bergman, y más específicamente a Persona (1966), de la cual dice que vio:

muchas veces…, y siempre de un modo nuevo, distinto. Dado que esta película es una verdadera obra de arte, ofrece a su espectador la posibilidad de entrar en relación, de forma siempre nueva y totalmente personal, con ella, de interpretarla de forma cada vez distinta.[3]

Sí él lo hizo con la obra de un colega suyo ¿por qué el espectador no lo podrá hacer con sus películas?

Lo enigmático del ser

El segundo punto a tratar, es algo que pensé al explorar su filmografía, ciertamente se sale de cualquier lógica y va más allá de una verdad concreta y materializable, va enfocada en sensaciones y emociones. Es algo muy básico, que se refiere a una idea que lo coloca más arriba de lo más grandes realizadores de la historia del cine, puede que se vea como algo simplemente casual, como una suerte, pero es algo que está, cada quien puede creer lo que quiera.

Porque Tarkovski y su obra son algo enigmático, desde los sueños del personaje de Ivan (Nikolay Burlyaev), la relación con el arte de Andrey Rublev (Anatoliy Solonitsyn), el océano y los visitantes en Solaris (1972), la relación entre Zerkalo (El espejo, 1975) y sus recuerdos, la zona en Stalker (1979), el exilio del personaje Andrei Gorchakov (Oleg Yankovskiy) que se convierte en su propio exilio tras los problemas con las autoridades soviéticas, y finalmente, el milagro de Alexander (Erland Josephson) para detener la guerra.

Se consuma el milagro en Offret (El sacrificio, 1986)

Se consuma el milagro en Offret (El sacrificio, 1986)

Estas son algunas cosas puntuales, claro que se podrán ahondar y sacar muchas más, pero son cuestiones que llenan su filmografía de un aura especial. Hay dos puntos que refuerzan esta idea de lo enigmático de Tarkovski. Chris Marker en su documental Une journée d'Andrei Arsenevitch (Un día en la vida de Andrei Arsenevitch, 2000), lo vio:

El primer plano de su primera película mostraba a un niño de pie junto a un árbol joven. En el último plano de su última película, a un niño tumbado a los pies de un árbol muerto. Uno podría considerar que se cierra el círculo, que es una señal de adiós. Pero cuando rodó este plano, Andrei no sabía que estaba enfermo.[4]

El segundo punto, sobre este pensamiento de algo extrasensorial relativo a su filmografía, lo enmarca Rafael Llano, citado por Tejeda:

"En cierta ocasión Tarkovski tomó parte en una sesión de espiritismo. Lo hizo pensando que era un juego, él no creía en eso; contrariamente a lo que piensan algunas personas, no creía en lo sobrenatural. En aquella sesión, acudió el espíritu de Pasternak.[5]

 Tarkovski preguntó al poeta:

-¿Cuántas películas voy a hacer en mi vida?
-Siete.
-Caramba. ¿Tan pocas?
-Sí, siete, pero todas buenas."[6]

Como se hizo mención antes, cada quien puede creer lo que desea.

Inicié este artículo con una cita bastante fuerte y triste sobre el lecho de muerte del realizador, lo cerraré con algo igual de emotivo, pero más hermoso, tomado de su autobiografía escrita con apenas 21 años:

En la primavera de 1954, con el afán de conocer más de cerca las actividades del VGIK[7], participé en distintos rodajes en los estudios del instituto (representé el papel de capitán de un equipo de baloncesto). Ahora sueño con llegar a ser un buen director de cine soviético.[8]

La última toma de Ofrett (El sacrficio, 1986), el niño yace a los pies del árbol viejo.

La última toma de Ofrett (El sacrficio, 1986), el niño yace a los pies del árbol viejo.

Citas

[1] Tarkovski, A. “Martirologio: Diarios 1970-1986”. Traducción de García, I. Ediciones Sígueme S.A.U. Salamanca, España (2011). pág. 591.
[2] Tejeda, C. “Andrei Tarkovski”. Ediciones Cátedra (Grupo Anaya, S.A.). Madrid, España (2010). pág. 16.
[3] Tarkovski, A. “Esculpir en el tiempo”. Editorial Rialp. Madrid, España (2008). pág. 22.
[4] Tejeda, C. pág. 17.
[5] Boris Pasternak (1890-1960), poeta y escritor ruso.
[6] Tejeda, C. pág. 25.
[7] Universidad Panrusa Guerásimov de Cinematografía de Moscú.
[8] Tarkovski, A. “Escritos de juventud”. Abada Editores, S.L. Madrid, España (2015). pág. 43.

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César Andrés Mena Torres