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La La Land: Una película li li lindísima

Damien Chazelle se atreve a evocar la parte más vulnerable y romántica del cine, el musical.

Cuando empezó la secuencia introductoria, una coreografía con millenials de diversas etnias, que cantaban como ángeles y lucían como tales, en medio de un congestionamiento vial tipo La Platina, surgió la escéptica que habita en mí y le dije a Milton, “no creo que vaya a resistir esta peli”, él replicó: “¡se ve linda!”; sin embargo, minutos después, y a pesar de su argumento, mi amigo no soportó el cansancio, adoptó posición fetal, se entregó a los brazos de Morfeo y roncó al ritmo de La La Land.

Yo me quedé despierta y poco a poco fui saboreando cada canción, cada coreografía, el optimismo de los diálogos, el piano, para que al final me alcanzara la nostalgia y la melancolía.

Recordé cuando apenas entablaba una amistad con el durmiente; hablábamos de las películas que habíamos visto cada uno por su lado, sin hacer críticas eruditas, sólo hacíamos record de sentimientos y emociones, era ese mi momento favorito de la semana.

Como firme adepta de aquella hermosa frase, que pronunciara en algún momento un sabio desconocido, “si verdaderamente amas a alguien, déjalo dormir”, me resistí a despertar a mi amigo cinéfilo para que me acompañara a admirar la obra de Damien Chazelle.

Damien_Chazelle_winner_of_Best_Director_and_Best_Screenplay_at_the_74th_Golden_Globe_Awards_-_GettyImages

Por cierto, un verdadero genio ese Damien, con 32 años,recién cumplidos, es la persona más joven en ganar un Globo de Oro como Director, con oportunidad de convertirse en el más joven en ganar un Óscar por lo mismo, y dice ser un terrible procrastinador…  el chiste se cuenta solo.

El cineasta se atreve a evocar la parte más vulnerable y romántica del cine, el musical, haciendo homenaje a: Singin’ in the Rain (1952), The Umbrellas of Cherburgo (1964), An American in Paris (1951), West Side Story (1961), largometrajes de la época de oro de los musicales, que estudió hasta la saciedad… no logro superar la ironía de autoproclamarse “procrastinador”, ¡debe de ser una broma!

Aunque no fueron los primeros que tuvo en mente para interpretar a sus protagonistas, al final, eligió a Emma Stone y Ryan Gosling. Los vi hacer pareja por primera vez en Crazy, Stupid, Love; la típica comedia romántica gringa para algunos sabiondos, a los cuales asiste la razón, pero, en lo que a mí respecta, me da lo mismo.

La vi dos veces: la primera vez, en el cine con un entrenador de gimnasio, un autodenominado chico crossfit; la vi en una segunda oportunidad días después, también en el cine, un poco tapis y muy sola, posterior al regreso del entrenador con su exnovia de cinco años.

En ambas oportunidades pensé en Milton, así que en aquel tiempo le regalé esa cuestionable película para que conociera a este par de dioses hollywoodenses, quienes ahora reaparecen más maduros y entregados. Actúan, cantan y bailan, ¡qué más se les puede pedir!

Ryan aprendió a tocar el piano, practicando por cuatro horas diarias durante dos meses y medio, al punto que no se necesitó doble de manos en la película, y Emma, junto a su compañero, tuvo que asistir a clases de baile durante tres meses.

Pasados 128 minutos terminó La La Land y desperté entonces a quien hoy es mi esposo, me preguntó cómo había estado la peli, le dije que tenía razón, que era linda, “li li lindísima, a decir verdad”, ni siquiera se imaginaba el viaje en el que había estado.

A partir de hoy, el Cine Magaly la estará proyectando. Si la va a ver no le aseguro que cumpla con todas sus expectativas técnicas, pero si usted es como la mayoría de personas ilusas-soñadoras-ingenuas que conozco, es decir como yo, sí puedo asegurarle que se va a sentirse bien después de verla, y de una vez le advierto, difícilmente se escapará de tararear, silbar y bailar por días. Ese es el mayor riesgo que se corre, espero que lo corra, para eso acá le dejo la primera canción que se le va a pegar… yo sé, de nada:

Lupita Valverde Vega