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Roberto Carlos Sánchez - Costa Rica responde a Otto

Un recuento ilustrado de un país que camina unido para reconstruir.

Cuando supimos que Roberto Carlos estaba en el norte documentando las labores de rescate y auxilio, le enviamos una pequeña entrevista. Hemos decidido prescindir del formato "pregunta - respuesta" y publicar, íntegro, un solo texto, de su autoría, a partir de las consultas que le hicimos. Nos parece que no hay forma más valiosa de acompañar las imágenes que nos ha hecho llegar y que hoy les compartimos. ¿Con qué fin? Él lo explica mejor que nosotros.

***

Yo me encontraba en San José y en la Comisión Nacional de Emergencias tomé un camión que se dirigía hacia Sarapiquí a dejar 150 paquetes de ayuda para un albergue que recién se estaba abriendo. En horas de la tarde llegué a Puerto Viejo de Sarapiquí y me dirigí al albergue Cristo Rey donde pude constatar la atención inmediata de la Cruz Roja a las personas que se encontraban con algún grado de afectación, así como la entrega de los paquetes propiamente. Ahí empezó la documentación de la emergencia... Conté con la ayuda de la Fuerza Pública, Policía de Migración y personas del Comité Local. Como me fui sin una planificación previa, esa noche fui hospedado en el Comando de la Fuerza Pública en Sarapiquí y ahí conté con un lugar por lo menos para poder alimentarme y poder pasar la noche; la que para mí -y me imagino que para muchas personas- fue la noche más larga de nuestras vidas aquí; al menos en Costa Rica, porque cuando yo estaba en Sarapiquí justo estaba golpeando el huracán en el sector de los Chiles y Upala.

Estoy en Upala desde el viernes (25 de noviembre) a las diez de la mañana. Ingresé con un grupo de la Policía de Migración que me hizo “ride” desde Sarapiquí. Además ese día que llegué fue muy caótico porque me metí a lo que -más o menos- era la oficina de la Policía de Migración. Me metí ahí y de repente vino el caos porque supuestamente venía la famosa cabeza de agua que nunca llegó, que no ha llegado. Uno se asustó, obviamente...

Sentí que yo tenía que empezar a documentar lo que empezaba a ver: la gente organizada desde las comunidades cercanas empezando a repartir comida, a ver cómo ayudaba; básicamente. No llegué bajo un guión específico, sino que empecé a mirar el panorama y por suerte me encontré con un grupo de voluntarios de Ciudad Quesada que estaban movilizando ayuda desde muchos puntos y pues me uní a ellos, me monté en sus pick ups y camiones, y nos movimos a lugares afectados: Bijagua, aquí en Upala; algunas partes también. Ahí comenzó la documentación fuerte del tema del voluntariado y del humanismo que empezó a mostrar la gente. Además, siento la responsabilidad de contar el trabajo articulado entre Gobierno y ciudadanía, para la atención médica.

Ya Costa Rica sabía que había ocurrido una tragedia y yo sentía que lo menos que tenía que hacer era mostrar más dolor del que se estaba percibiendo. Entonces me he abocado a documentar incluso cómo la gente intenta regresar a “una vida normal.” Limpiando sus casas, sacando escombros, tratando ahí de normalizarse. Bueno, eso la gente que les quedaron las casas al menos físicamente enteras. Lo otro es encontrarme con las personas que están con la ropa que tienen y ver cómo a pesar de una gran pérdida material, son capaces de sonreír en la adversidad y de distraerse. De sacudirse un poco del barro. Claramente hay otras personas que uno las ve bastante afectadas, con escenas de pánico por supuesto, con los nervios súper alterados. Señoras me han contado que hay niños que de noche piden auxilio y con gente que está ahí que no sabe qué hacer, claramente. Pero bueno, yo a lo que me estoy dedicando en este momento es a mostrar esa fuerza, esa solidaridad y esas ganas de regresar: de quitarse el barro. De quitarse el barro de encima. Por eso es que me he querido quedar acá y siento una gran responsabilidad en documentar las cosas.

He de decir que mi salario lo recibo a través del trabajo que realizo con el señor Presidente y parte del gobierno, pero en este momento puedo decir que estoy por una cuestión personal, por un compromiso propio con esto. No podría estar tranquilo en la casa en este momento. Yo sé que una fotografía por sí misma -o un vídeo que pueda hacer- no cambiarán la realidad de las personas, pero al menos puede ayudar a comunicar al resto del país. A comunicar energía, fuerza, voluntad, amor y empatía; principalmente. No desde el drama, sino desde el amor, desde la solidaridad.

Una cosa que me ha impactado mucho de la gente con la que platico, es que las personas le dicen a uno “gracias por estar aquí” y eso es muy fuerte, porque entonces uno comprende que esas personas afectadas directamente, sienten un alivio siquiera con que uno llegue a preguntarles cómo se encuentran, si ya les atendieron, si ya les llegó comida, si ya les llegó agua; aunque no necesariamente les pida permiso para retratarlos o que llegue con la cámara lista para hacer una foto. Yo lo primero que hago es que platico con la gente, los saludo, les pregunto cómo están y si puedo guiarlos con algo de lo que he ido adquiriendo aquí de hacia dónde dirigirse para pedir ayuda, entonces lo hago. Esa parte es muy interesante, como la gente agradece que al menos este ahí. Me imagino que sienten… es una forma también de no sentirse solos.

La gente está agradeciendo y se está dando cuenta que la ayuda se está articulando y está llegando. La gente entiende- y eso es algo muy bueno también de destacar- que no son los únicos afectados y que reactivar todo llevará bastante tiempo. Por supuesto, el agua hace falta; porque tienen agua para tomar, para más o menos preparar alimentos, pero en muchas comunidades aún no se activado el agua para bañarse, por ejemplo. En los albergues al menos la gente sí tiene agua para bañarse, para tomar y eso es una gran ventaja para evitar enfermedades.

Por cierto, la solidaridad es en dos vías, porque a lugares donde he llegado a documentar hay gente que incluso me ha preguntado si ya he tomado café o si me como hasta un gallito…y la verdad es que sí he aceptado el café -al menos- porque uno aquí necesita bastante energía también; para seguir, y el café ayuda a reconfortar el alma. Además, cuando es una señora que se ha puesto en una cocina a preparar los alimentos para la gente, uno no le va a decir que no a una señora de estas que con mucho amor le dice: “-¿Ya tomó cafecito?, venga.” O que te ofrecen aunque sea un vasito con fresco que les está sobrando o algo así. Pero lo del café es muy hermoso.

Aquí es donde debo estar.

Pueden seguir a Roberto Carlos Sánchez en Twitter.

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