Cada persona elige de manera diferente los libros que va a leer o a comprar.

Hay quienes lo hacen por recomendaciones, otras lo hacen por el gusto a ciertos autores o autoras, otros lo hacen por galardones como el Premio Nobel o el Premio Pulitzer, entre otras razones que podrían ser infinitas o darse en infinitas combinaciones.

Estas razones son dignas de cuestionar porque dice mucho de quienes somos. Lo que leemos, entre otras cosas, nos define. La cultura es política y la política es personal, siempre. Así que un simple vistazo a la librería de alguien, ya sea virtual o física, nos da más o menos una idea de esa persona. No debemos juzgar un libro por su portada, pero evidentemente los libros son más que portadas, así que es imposible no deducir cosas de ella.

¿A qué voy con todo esto? Bueno, soy un ávido lector que siempre anda un libro en el bulto, sin falta, es casi como el pasaje del bus. Pero nunca me había cuestionado, hasta hace poco, qué demonios es lo que leo y qué dice eso de mí y de la cultura en la que vivo.

Después de un conteo rápido de mi pequeñísima biblioteca, que no es más grande por falta de plata, me di cuenta de algo revelador pero naturalmente arbitrario. La grandísima mayoría de mis libros fueron escritos por hombres.

En mi biblioteca hay solamente 11 autoras mujeres, mientras que cuento 48 autores hombres (les invito a hacer el conteo en sus bibliotecas). La diferencia es demasiado grande como para dejarla pasar, evidentemente hay algo en mi patrón de lectura, y de compra, que discrimina a las autoras mujeres.

¿Por qué la mayoría de los libros que tengo son de hombres? Bueno, pues podemos comenzar con el hecho de que soy un hombre heterosexual en una sociedad muy machista. A partir de ahí podríamos deducir ciertos elementos que forman parte de mis decisiones. Pero seamos más específicos.

Uno de los criterios de mis compras son los galardones. ¿Por qué no? Los galardones, sea cual sea, nos dan un parámetro “seguro” de cuáles son las tendencias en las que puede andar la literatura. Algunos de los premios más conocidos en la parte occidental del mundo son el Nobel, el Pulitzer, el Cervantes, entre muchos otros que omito por ignorancia. Aquí en Costa Rica, por ejemplo, está el Magón y el Aquileo Echeverría.

Antes de seguir, ¿notaron que todos los nombres de los premios que mencioné son de hombres? Interesante.

Ahora sí. Voy a enfocarme en un premio que es muy usado para comprar y para vender, el Premio Nobel de la Literatura. Cada que entramos a una librería, después de que den a conocer a la persona ganadora del Nobel, hay afiches, postales y demás artificios publicitarios que nos enseñan quién ganó. El siguiente razonamiento nos diría que cualquier obra de esta persona debe ser digno de leer y, por tanto, comprar.

Este galardón se entrega por la Real Academia de las Ciencias de Suecia cada año desde 1901 “a quien hubiera producido en el campo de la literatura la obra más destacada, en la dirección ideal”, según Alfred Nobel. Pero, ¿quiénes han ganado el Nobel?

Desde 1901 el Premio Nobel de Literatura se ha entregado 109 veces, algunas veces no se entregó a causa de la I y II Guerras Mundiales, así que tenemos a 109 autores y autoras de excelencia para leer y reconocer. El problema es ahora el mismo que pasó con mi biblioteca. Solo 13 mujeres en todos estos 109 años han ganado el Nobel. O sea, 96 hombres premiados. Eso significa que sólo el 11, 9 % de las personas ganadoras son mujeres. La relación es increíble y reveladora.

Esto significa que a menos de que nos pongamos minuciosos en la búsqueda del Nobel literario, casi siempre vamos a encontrar, y comprar, a ganadores hombres.
Ahora bien, ¿por qué ha pasado esto a través de la historia? Pues porque el machismo es real y tiene efectos reales tanto en el aspecto físico de la sociedad (nuestros cuerpos) como en su aspecto cultural. Evidentemente no se trata de que los hombres escriban mejor que las mujeres, se trata de que eso es lo que nos hacen creer.

¡Debemos saber qué compramos, qué leemos! Decisiones tan importantes como la de qué leemos son elementalmente políticas. Nos exponen y debemos luchar con ellas. Algo que intento recordar todos los días es esto: ¡Lo personal es político! Leer a mujeres no me hace menos hombre, me hace más humano.

Anticipando la pregunta que evidentemente alguien va a hacer. ¿Leer a una mujer sólo por ser mujer no es machista? No, porque no estoy leyendo a una mujer por ser mujer, estoy leyendo a una mujer porque su libro importa tanto como los libros de la otra mitad del mundo; y me di cuenta que su libro es invisibilizado sistemáticamente, y/o convertido en una excusa mercantil para realzar estereotipos.

Varios de mis libros favoritos, a pesar de la desventaja que tienen, fueron escritos por mujeres. Donna Tartt, por ejemplo, escribió El Jilguero (The Goldfinch, 2014) y Sussana Tamaro escribió Donde el corazón te lleve (Va’ dove ti porta il cuore, 1994). Estos dos libros han marcado mi vida. Quizá les gusten a ustedes también.

También quiero que me recomienden libros escritos por mujeres, ¡quiero una biblioteca más diversa y fuerte!

¡Vamos! Cada vez que compremos un libro veamos muy bien quién lo escribió. Ojo, no digo que no compren a autores hombres, sólo quiero que haya una reflexión (en un principio creí que esta aclaración no era necesaria, pero mejor prevenir). Busquemos un balance en nuestra biblioteca. No dejemos que el machismo nos prive de más cosas, muchos menos de las letras.

Para Yanet Martínez.
Eddson Eddson Gómez

Me conmueve leer. Me fascinan las personas y sus historias.

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